
Lo que antiguamente yo conocía por teletrabajador ahora tiene una denominación más “cool” que es freelance y que pese a no significar lo mismo al 100%, actualmente parece que son cromos intercambiables. Y es que ser freelance “está de moda”. Y no lo digo yo. Lo VEO. Pero no es oro todo lo que reluce y esto viene a cuento por unas cosillas que ayer mismo nos comentaba un profesor y que, sinceramente, en algunas de ellas me pareció totalmente desacertado de lo que es la vida de un teletrabajador o freelance.
Según él, generalmente las personas que ejercen esta profesión piensan que su vinculación con un poder superior (empresa) es mucho menor debido a la presencia que se requiere y que la comunicación se realiza casi en su mayor parte a través de medios impersonales. Sin embargo, sigue argumentando, es un pensamiento erróneo puesto que siempre se termina teniendo un nexo muy superior al que pudieran tener los trabajadores en ella presentes debido al finísimo hilo que debe interconectarnos casi de manera contínua con la misma. Ejemplos: disponibilidad telefónica, cliente de correo abierto casi a todas horas, etc…
Otro punto: vida social reducida. Comentaba que debido a este tipo de trabajo, la vida social puede llegar a minimizarse hasta límites críticos: en el entorno de trabajo todo se realiza a distancia y consume demasiado tiempo para poder realizar actividades lúdicas con gente de tu entorno.
Y el último punto (y que más me molestó): generalmente los teletrabajadores o personas que son “ajenas” a la empresa siempre tienen algún problema psíquico. Mmm, la verdad es que levantó ampollas en mí esa afirmación.
Desde mi particular punto de vista y con casi 2 años de trabajo de este tipo puedo decir que todo se ha de fundamentar en la organización de una propia persona. Suena a tópico pero casi hay tiempo para todo. En los primeros compases de mi trabajo como “externo”, freelance o como lo queráis llamar, sí que estuve MUY pendiente de todo lo relacionado con el trabajo: el teléfono iba conmigo a todas partes, el correo abierto casi 24 horas, sábados y domingos también trabajaba… pero ese ritmo termina por sugerir a tu mente y tu cuerpo una jubilación anticipada. Asique paulatinamente se ha de establecer una línea entre lo que es trabajar y vivir para trabajar. No creas que arriesgas tu puesto por ello.
Mi consejo es que nos estructuremos bien y aunque no podamos contruirnos un horario fijo, deberíamos adaptarlo lo suficiente para que nos permita compaginarlo con otras actividades. Y es que además la productividad siempre se verá mermada si sólo nos dedicamos a trabajar, trabajar y trabajar. Sal de copas, haz de deporte, relaciónate con gente. Aunque parezca mentira todas estas últimas cosas son tan importantes para el trabajo como el trabajo en sí.
…Ah! Y no tengo problemas psíquicos :P