Mi experiencia en Dribbble + descarga gratis plantilla HTML para portfolio

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No he encontrado ningún artículo hasta la fecha (por lo menos en español) que hable sobre experiencias en Dribbble donde se aporten datos que de verdad puedan ser interesantes para entender si merece la pena registrarse y por tanto dedicar esfuerzos a tener presencia en otra “red social” más. Así que muevo ficha.

Me interesé por Dribbble supongo que como cualquier otro diseñador que descubriera ese sitio web en su momento: exclusividad, se veía mucha calidad, buen feedback por parte de otros usuarios… En 2010, tras hablar sobre el sitio en cuestión conseguí una invitación gracias a RUDE y decidí empezar a subir algunas muestras de los diseños con los que estaba trabajando por aquel entonces.

Por ponernos un poco en situación, Dribbble se creó con la idea de ser una especie de Twitter del diseño, mostrando simplemente pequeños detalles o muestras de lo que tenías entre manos. A día de hoy del objetivo principal poco queda y la comunidad ha hablado. La “red social de diseñadores” ahora es totalmente diferente, mutando en algo más parecido a un muestrario tipo Behance, dejando de lado la idea de ser un lugar en el que buscar opiniones constructivas o feedback de otros profesionales. Y no es que eso sea malo, simplemente es cuestión de adaptarse y sacarle provecho.

Reconozco que me costó hacerlo en su momento. Prefería seguir viendo Dribbble como lo que era originalmente, un lugar donde conseguir opiniones y críticas y no otro sitio más en el que tendría que preparar muestras finales de ideas o imágenes típicas de portfolio para ganar exposición. Si ya me costaba mantener un rincón propio actualizado y mi cuenta en Behance se enterraba bajo una densa capa de polvo, no quería que con Dribbble me pasara lo mismo.

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Un ejemplo de imagen subida a mi cuenta en Dribbble.

Supongo que el hecho de querer aprovechar el “tirón” que ofrecía la plataforma hizo que no desistiera en mi empeño de seguir usándola activamente para seguir subiendo algunas pequeñas muestras. Incluso empecé a pagar por la versión “pro” cuando se lanzó esta opción. Básicamente lo hice por la “tontería” de mostrar una medallita en la que indicabas que estabas disponible para aceptar encargos.

Pero pongamos datos sobre la mesa. Os va la batallita en plan resumido:

Llevo como usuario pro en Dribbble casi cuatro años. El gasto que esto me ha supuesto ha sido solamente de unos 80 dólares… y han sido amortizados con creces sin necesidad de ser un referente en lo visual ni contar con una gran visibilidad que me aupara en los primeros puestos en los resultados de búsqueda.

En todo este tiempo he sido contactado por 16 personas diferentes que buscaban diseñador para algún proyecto relacionado con web, apps y usabilidad.

De esos dieciséis contactos, tres se veían claramente que no estaban personalizados de ninguna forma, ofrecían datos muy difusos y olía a solicitud enviada a granel. De hecho uno de esos dos contactos me llamaba Javier 😛 Decidí no contestarles.

De los contactos restantes, establecí comunicación con todos ellos, pidiendo más detalles, consultando la viabilidad, tiempos… Todo lo que se suele hacer cuando se inicia un proyecto y se ha de preparar un presupuesto. Generalmente lo derivaba todo a través del estudio para poder hacerlo durante la jornada laboral o pasaba el proyecto a conocidos si no podía hacerme cargo en tiempos, siempre indicándolo claramente al cliente por si estaba de acuerdo.

De esos trece la mitad no volvieron a comunicarse conmigo tras mi primera respuesta. Curioso. Generalmente tardé máximo unas 36 horas en responder para al menos evitar caer en el olvido en los casos en los que la oferta se hubiese enviado a otros profesionales también (algo que en Dribbble pasa muchísimo).

Un correo típico de solicitud de oferta en Dribbble.
Un correo típico de solicitud de oferta en Dribbble.

De los contactos restantes, tres tenían un proyecto con unos plazos muy concretos y específicamente querían contar conmigo pero no podía asumirlos en el momento del contacto.

Otro indicó que el presupuesto se le escapaba un poco y finalmente salieron adelante tan solo 2 contactos/clientes. Sin embargo uno de esos dos clientes se convirtió durante una temporada en cliente recurrente e incluso me hizo llegar algún que otro cliente o propuesta adicional.

No sabría decir a ciencia cierta cuál ha sido el resultado económico exacto (calculo unos 2500-3000 dólares) pero sí sé que ha sido muy positivo teniendo en cuenta el tiempo invertido en mantener mi cuenta en Dribbble, el coste de ser usuario pro (que tampoco considero que sea muy muy necesario) y la cantidad de competencia que hay. De hecho estoy seguro que hubiese podido sacarle más provecho aún.

Evidentemente son cifras muy lejanas a lo que me consta que algunos usuarios y estudios bien posicionados en Dribbble manejan pero aún así el balance sigue siendo muy bueno. Y quería compartir que no todo el pastel se lo reparten los peces grandes, es cuestión de esforzarse un poquito 🙂

¿Dribbble solo sirve para subir trabajos?

Supongo que como cualquier otro sitio web en el que podemos registrarnos y subir contenido propio la funcionalidad que le demos puede ser muy variada y puede servirnos, por ejemplo, para dirigir tráfico a otros lugares que nos interesen.

Uno de los usos más habituales es subir imágenes que nos planteen un contexto que nos permita vender un producto o servicio en el que estemos trabajando. Por ejemplo el gran Román Jusdado ha empleado su cuenta en alguna ocasión para promocionar sus Custom Scenes y como él, infinidad de usuarios. Hasta yo mismo me animé.

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También podemos emplear todas las imágenes que hayamos subido a Dribbble y construir nuestro portfolio personalizado empleando cosillas como Jribbble [en]. De hecho aquí tenéis una plantilla html ya integrada con Jribbble para poder construir vuestro portfolio. Super fácil de usar y vale para un apaño.

Descargar plantilla portfolio Dribbble

Algo similar a ⌘+SPACE pero con el añadido de poder gestionarlo en nuestro propio hosting y modificarlo a nuestro gusto.

¿Cómo puedo conseguir que mi trabajo sea destacado? ¿Cómo consigo notoriedad?

Como decía al inicio el uso de Dribbble se ha ido distorsionando mucho y actualmente hay muchas imágenes muy muy populares que plantean polémica. ¿Hasta qué punto la imagen se ha creado para ser visualmente muy bonita sin importar si ofrece una solución para un contexto real?

En mi opinión todo forma parte del “saber venderse” y creo que tampoco podemos ser demasiado puristas en este aspecto. Podemos tener un producto bueno pero también tenemos que saber vestirlo para venderlo. También puede ser que tengamos una idea y simplemente queramos evaluar la reacción de la comunidad como este ejemplo de Claudio Guglieri.

En el fondo nuestros shots en Dribbble son una especie de pitch reducido a la mínima expresión, un breve impacto visual con los que tenemos que ganarnos los likes en cuestión de segundos en una red en la que continuamente se suben más y más imágenes.

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Personalmente he comprobado que subir imágenes con archivos asociados a tamaño real con alternativas o efectos de animación suelen captar más atención. Pero el momento exacto del día en que hacerlo sigue siendo un misterio para mi. En el blog de Drubbbler suelen publicar mini entrevistas y consejos. Mencionan el tema de la hora de publicación: The Best Time to Post On Dribbble [en].

¿Es buen momento para registrarse en Dribbble?

Quizá el punto álgido de Dribbble pasó pero tras todos estos años sigue siendo una comunidad bastante activa y sus creadores siguen realizando pequeñas actualizaciones y mejoras que demuestran que los usuarios seguimos interesados en todo lo que tiene que ver con Dribbble. Y si hay que hacer que rectifiquen, se hace [en].

Vamos, que hay Dribbble para rato. Y tengo dos invitaciones disponibles por lo que si hay interesados ¡dejadme los enlaces a vuestros rinconcitos para ver vuestros trabajos!

Steam y LinkedIn: pequeños detalles de UX que marcan la diferencia

Los azares del destino han querido que estos últimos días me diera de bruces con dos situaciones realmente interesantes usando Steam y LinkedIn. Situaciones interesantes desde el punto de vista del estudio de la experiencia de usuario. Pequeños detalles que sin ningún tipo de dato adicional con el que poder justificarlos, bien merece la pena que sean revisados. A ver cómo lo veis.

Caso Steam

No voy a entrar en detalles sobre qué es Steam. Los que hayan sustituido las monedas de 25ptas por el Síndrome de Diógenes digital sabrán que en Steam se hacen un par de veces al año una serie de campañas de ofertas en las que los precios de los videojuegos caen hasta rozar valores totalmente ridículos, haciendo que las ventas se multipliquen de forma mareante.

Así pues, durante las últimas rebajas de verano y en la búsqueda de engordar más aún el listado de títulos que quiero tener (y que nunca jugaré), me encontré con la siguiente situación:

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La imagen de arriba muestra parte de la “lista de los deseos”, una sección del perfil de usuario que nos permite guardar aquellos títulos o productos que nos interesan para poder echarles un vistazo rápido, accediendo a la página de la comunidad sobre el juego o la página de detalle.

El caso es que en época de ofertas es altamente probable que más de uno de los títulos en tu lista de deseados se encuentren en oferta. ¿Acaso no sería ideal poder comprarlos desde aquí?

Esa opción NO existe a día de hoy. De hecho si quieres comprar 3 títulos diferentes, debes dirigirte a la pantalla de detalle del primer producto, añadirlo al carro, volver al listado de deseados, ir al detalle del siguiente producto, añadirlo al carro, volver al listado de deseados… Y así tantas veces como sea necesario.

Y ojo porque como Steam no tiene en tu perfil el dato de tu edad, para poder ver el detalle de algunos juegos deberás introducir tu fecha de nacimiento mediante los típicos selectores. Más clics y pantallas intermedias.

El resultado es una experiencia muy frustrante y negativa desde el punto de vista de la experiencia que se ofrece al usuario. Tan negativa que yo de hecho no hice las compras. Y estoy seguro que no debo ser el único que se ha enfrentado a algo así.

Sin meterme en la complejidad de todo lo que pueda suponer (no creo que sea por dinero), un botón para añadir al carro desde la lista de deseados sería una mejora enorme, ¿verdad? ¿No aumentaría las conversiones?

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Sin embargo la falta de datos no me permite ir más allá y lo único que se me ocurre es que quieran generar un mayor número de páginas vistas pese a la clarísima pérdida de efectividad de una sección tan interesante como la lista de deseados de un usuario. Pero me extraña que quisieran perder ventas en momentos tan “calientes”.

¿Qué decís? Me parece que es un cambio que repercutiría positivamente en ambas partes, facilitando la compra al usuario y generando ingresos para Steam.

Caso LinkedIn

Por otro lado el caso de LinkedIn creo que está hecho así precisamente para entorpecer la experiencia de usuario y que no realice la acción. Hablo del momento en que queremos realizar un borrado de múltiples contactos.

El primer paso para gestionar nuestros contactos es acceder a la sección correspondiente donde tenemos a nuestra disposición un buscador y un listado de los contactos actuales. Algo así:

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Aquí reconozco que la pata la puede meter el usuario (mi caso) si no hacemos un escaneo visual de la pantalla. Y es que realmente desde el primer momento existe en la zona derecha un enlace de “Borrar contactos” junto al de “Añadir contactos”.

Sin embargo por pura proximidad y porque empezamos a escanear los elementos desde la zona izquierda (salvando excepciones), podemos sentirnos tentados nada más entrar en la sección a seleccionar usuarios mediante el check correspondiente que aparece al lado de la imagen de cada contacto, esperando que alguna opción contextual de eliminación aparezca. Y en efecto nada más seleccionar un contacto, justo a la derecha, aparecerá un listado con el nombre de los seleccionados, el número total y un enlace que pone “Borrar”. Mmmm, borrar… ¿qué podrá significar que me aparezca un enlace de borrar tras seleccionar contactos? No sé si me vais entendiendo.

Si os habéis encontrado en la situación en la que queríais eliminar bastantes contactos, sabréis que el proceso de selección lleva su tiempo. Luego le dais al dichoso enlace de borrar y os da la risa al comprobar que ese enlace lo que hace es borrar… la selección de los contactos. ARGH!

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Cuando te das cuenta del tiempo perdido, te arrastras virtualmente hasta el recién descubierto enlace de “Borrar contactos”, dispuesto a realizar una vez más el proceso. Y te encuentras con esto:

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Un listado mucho menos intuitivo en el que desaparece la imagen de perfil y el número de contactos del usuario, datos que pueden ser un gran apoyo para determinar a quien toca eliminar y a quien no. Es más, no existe un listado único sino que deberemos ir letra por letra y tampoco disponemos del filtrado por etiquetas.

¿Cómo lo veis? Para mí es una jugada maestra de LinkedIn con la que (me lanzo a la piscina) pienso que penalizan de manera deliberada el proceso de eliminación de contactos con el objetivo de mantener nuestras cuentas bien nutridas y rechonchas de contactos.

Sinceramente no recuerdo momentos tan frustrantes frente a la pantalla como los de estos dos casos mencionados.

¿Crear webs sin escribir código es posible? La eterna promesa de los editores web

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Aprovechando estos días de fiesta he querido ponerme un poco las pilas con la maquetación web usando Bootstrap (además de barnizar unas estanterías para un intento de huerto urbano). Me decanté por este framework web porque por algún lado tengo que empezar, porque parecía sencillito de entender y porque regularmente sale a la palestra el dilema de Bootstrap sí, Bootstrap no [en].

Bien. Durante el día completo que le dediqué a mi puesta a punto coder tuve una revelación: no soy capaz de usar los programas tan modernos y chulos que te prometen crear webs sin escribir código o sin saber programar. No están hechos para mí. Me siento más cómodo con un editor de texto como Sublime Text que algunos dopan con un montón de extras.

Pero dejadme que os cuente un poco más sobre esta apasionante historia de inquietudes profesionales apta para todos los públicos.

Bootstrap es un recurso empleado con cierta frecuencia en el estudio y creo que es importante que un diseñador web tenga unas buenas bases sobre lo que se puede hacer y lo que no, teniendo en cuenta el entorno de trabajo en el que se encuentre y las herramientas de trabajo de equipo. De nada sirve que prepare visuales para webs ultra-mega-cool si el día a día o los proyectos no lo permiten encajar. Todos queremos hacer webs chulas pero a veces el tiempo y el dinero mandan.

No es que no supiera nada sobre el aspecto más técnico y developer de la web pero tampoco paso de beginner level y hacía tiempo que no le dedicaba un día entero exclusivamente a pelearme con HTML, CSS y un par de chorraditas de JS.

De hecho hacía tanto que no sacaba un hueco para estos menesteres que ha pasado suficiente tiempo como para que fueran apareciendo apareciendo un buen puñado de herramientas pensadas principalmente para nosotros, los diseñadores pezuñeros del código. Herramientas que prometen hacer de la creación de webs un auténtico camino de rosas. De entre todas las disponibles me he ido tropezando con:

Algunas son herramientas de trabajo directamente en el navegador y otras son programas independientes instalados en nuestro sistema. Las hay pensadas específicamente para desarrollo con Bootstrap y otras son mucho más generalistas. Pero todas tienen en común un objetivo: suavizar la transición entre la fase de diseño y la de maquetación, presentándose como entornos amigables que prometen ayudar a los usuarios menos experimentados que necesitan crear webs sin saber html. Como cuando Dreamweaver se vendía como una máquina de hacer webs él solito.

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Webflow es de los entornos más completitos…y que más asustan.

No he llegado a probar todos los programas que he enumerado arriba pero sí que he trasteado en diferentes momentos con Readymag, con Webflow, Macaw, Pingendo y LayoutIt! Por ejemplo Readymag está muy orientado para hacer case studies, presentaciones de proyectos, etc… Es muy interesante ver cómo lo usan grandes profesionales como Anton & Irene quienes han comentado en más de una ocasión que les parece una herramienta fantástica. Por algo será.

Webflow por su parte me parece de los entornos de trabajo más completos y robustos que hay disponibles actualmente. Es un buen editor online sin embargo creo que como entorno amistoso para el novato puede llegar a asustar. Demasiadas opciones y posibilidades de configuración.

Macaw por su parte empezó muy fuerte prometiendo un entorno mucho más potente que la alternativa de Adobe, Muse, pero le he perdido un poco la pista y no sé muy bien en qué quedará finalmente. No veo que tenga mucho movimiento últimamente en los rinconcitos de diseño. Lo último que leí era precisamente una comparativa con Webflow [en].

LayoutIt! me pareció infumable y con Pingendo he realizado todo el ejercicio que tenía en mente de maquetación responsive y que me ha empujado a estar escribiendo ahora mismo. Había oído hablar de Jetstrap muy bien pero al final fue Pingendo el que se llevó el gato al agua (por puro azar).

Pingendo NO es la solución para todos aquellos que buscamos el gran botón rojo que lance el método makeWeb('responsive','cool'); De hecho petardea lo suyo y en más de una ocasión tuve que cerrarlo y volver a abrirlo. Sin embargo en su favor tengo que decir que me ha servido para entender algunas estructuras al facilitarme el ir añadiendo y arrastrando componentes al html con el que estaba trabajando. Además presenta una interfaz sencillota y amigable para el que verdaderamente no tenga ni idea de en dónde se está metiendo.

Como extra muy interesante tengo que añadir que el día antes de ponerme con el ejercicio me sirvió mucho echarle un vistazo a un par de cursos que hay disponibles en video2brain sobre Bootstrap 3. No daré mucho la lata en este punto en concreto pero podéis probar video2brain durante 7 días gratis si queréis. Aquí dejo toda la información.

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Cursos para aprender Bootstrap desde cero

Cuanto más avanzaba haciendo el ejercicio más me daba cuenta de que en realidad no estaba usando ninguna de las características del programa. Teóricamente si usas un programa así es para poder emplear los módulos prefabricados o los asistentes. Al final terminé con la zona del editor de código maximizada para ir escribiendo directamente el HTML y las propiedades CSS necesarias. Guardaba, abría el HTML en el navegador y volvía al editor. Repetir ad infinitum.

Fue ahí donde me dí cuenta que la mejor metodología es, para mi, mamarte las bases de HTML y CSS para pegarte con ellas en un simple editor de texto. Con ejemplos muy chorras y sencillos al principio. Como si es para aprender simplemente qué es una lista desordenada y el código necesario para hacerla. Sólo así realmente entiendes qué es lo que estás haciendo. Desde la base más base de todas las bases que puedes estar pensando. Una vez tienes los conceptos iniciales claros, sí que es posible sacarle partido a un entorno como Webflow y compañía sin que todo suene a chino.

Lo curioso llega justo ahora y es que creo que en el momento en que se tienen unos conocimientos básico-intermedios, el uso de estos programas termina añadiendo una capa extra de complejidad al desarrollo. No digo que estos programas “sobren”. Particularmente me parece muy interesante cacharrear y probarlos, pero tras haber catado unos pocos sigo sin encontrar uno que realmente pueda recomendar muy fuerte hasta el punto de señalarlo con el dedo con los ojos abiertos de par en par.

Resumiendo: Sé que enfrentarse al código web da un poco de miedo al principio y que si de verdad no sabes hacer nada todo parece muy muy MUY cuesta arriba. En ese caso échale un vistazo a los cursos mencionados anteriormente porque hay más chicha para aprender fundamentos de HTML y CSS para novatos. Creo sinceramente que es la mejor decisión que se puede tomar en vez de buscar un sustituto en forma de programa que promete hacer el trabajo sucio por ti…y se queda por el camino.

Bola extra: Aprovechando el calentón hice un freebie que consiste básicamente en el sistema de columnas responsive que viene por defecto en Bootstrap. Para Sketch. Aquí. Y también recordad que aquí hay muchísimas plantillas y módulos premium bien majos para no tener que empezar de cero.

Así fue THELAB: Workshop de productividad para diseñadores

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Quienes me siguen desde hace tiempo sabrán que intento buscar formas de mejorar y optimizar los procesos sin necesidad de realizar grandes cambios en las metodologías de trabajo. Y creo haberlo puesto de manifiesto en chorromil ocasiones como por ejemplo cuando hablaba de mantener el PC optimizado, cuando hablaba de usar Fireworks, de las buenas prácticas usando Photoshop para web o incluso cuando tocaba hablar sobre la optimización de imagenes con Kraken.io. Pero esos son sólo algunos ejemplos que he recordado tirando de memoria.

En cualquier caso pensamos que la optimización de flujos de trabajo y conceptos relacionados con la productividad podrían ser un buen temario base para el segundo workshop de THELAB. “Engañamos” a dos grandes de estas materias para que compartieran con nosotros sus años de experiencia e inquietudes: Diego Rodríguez y Sergio Barreña, de Ros. (aquí el detalle del temario)

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Diego y Sergio fueron turnándose a lo largo del Sábado para hablarnos sobre la gestión del día a día. El objetivo era hacernos ver lo importante que es trabajar correctamente…pero también de forma eficaz.

Nos acercaron a las metodologías ágiles, a formas de “poner a trabajar al cliente” para optimizar el desarrollo de determinados tipos de proyectos y a un montón de truquitos e ideas sobre el uso de expresiones regulares, organización de ficheros o gestión de color (todo un mundo aparte). En el fondo sólo es cuestión de tener un poquito de ganas de probar cosas nuevas e intentar amoldarlas a tu día a día sin forzar demasiado. Por ejemplo se mencionó Trello para organizarse un poquito y mi experiencia personal después de llevar usándolo medio año (empecé a usarlo en Tuts+) es muy positiva y no se suda mucho para empezar a usarlo 😛

Vimos muchísimos conceptos explicados de manera amena y entendible para los que asistimos. Me llevo un par de trucos que desconocía relacionados con formas de trabajar entre diferentes programas de la suite de Adobe que me van a venir muy bien para arañar minutos al reloj. Se agradece cuando asistes a estas actividades y lo rentabilizas con un par de ideas o consejos.

Se notó claramente que tanto Diego como Sergio llevan muchos años peleándose con trabajos gráficos, clientes de todo tipo, el mundo editorial y las imprentas. Chapeau. Con un poco de suerte nos los volveremos a traer para meternos aún más en materia y profundizar en el infernal maravilloso mundo de la producción editorial. Hay unos cuantos temas que queremos cubrir en próximos workshops y además los asistentes también proponen ideas interesantes que se valorarán por supuesto 🙂

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La verdad es que me lo pasé muy bien. Nos juntamos todos en el descanso para comer y luego al término del workshop, un pequeño grupo alargamos la jornada cenando y tomando algo juntos y así extender lo máximo posible la absorción de conocimientos y experiencias de la vida. Para mí iniciativas así son el método de acceso directo a personas y profesionales que te ayudarán no sólo a aprender y mejorar profesionalmente sino también a esquivar piedras que antes o después te encontrarás por el camino. Piedras de todo tipo.

Me mantengo a la espera del siguiente evento en el que volvamos a vernos. Porque lo habrá.

Bola extra: Paquito, uno de los asistentes, nos cuenta su experiencia en el workshop.

No te preocupes. Eso pasa.

Mañana mi hermano cumplirá 18 años. Mayoría de edad legal. Se acerca peligrosamente a la edad con la que empecé a tener claro que yo no sabía qué iba a hacer con mi vida. Y no me hubiese venido mal algún consejo extra. Pero no todos tenemos esa suerte. Con él no quiero que eso pase. Y él sabe que no va a pasar.

Obviando los detalles más materialistas que se le puedan entregar, tras releer hace unos días lo que escribí en 2005, FAQ del diseñador gráfico, pensé que podía ser buena idea hacer público el primer regalo de cumpleaños que tenía pensado. Al fin y al cabo se trata simplemente de compartir algunas experiencias y reflexiones que durante los últimos -casi- 10 años he tenido tanto en el terreno profesional como en el personal. Siempre lo he dicho: aptitudes y aCtitudes.

Aunque lo escrito tiene un marcado tono personal, me ha parecido que hay información que podría ser interesante para todos los que están “tiernitos” y buscan los consejos de un aspirante a viejo cascarrabias como el que aquí escribe. ¡No veo el momento en que empiece a usar el término “paparruchas” en mis conversaciones de abuelete!

Sinceramente no creo que mi hermano termine dedicándose a este mundillo como lo he hecho yo. Mi objetivo no es empujarle a que lo haga (aunque he sido el primero que le he motivado a ello y que le ha puesto delante cada cacharro que haya podido necesitar) sino que decida lo que decida, sepa cómo enfrentarse a todo el camino que le queda por delante. Porque no es fácil.

Chavalote, decidas lo que decidas:

  • No pierdas las ganas de trabajar (estudiar) y esforzarte, por muy complicado que se te ponga todo. A veces el camino se hará duro y muy cuesta arriba. A veces llegaremos al final del mismo y no obtendremos una recompensa lo suficientemente buena como para que pensemos que el esfuerzo ha merecido la pena. No te preocupes. Eso pasa. Sigue adelante. Sigue. Pelea por avanzar hasta los pequeños grandes momentos de la vida.
  • En algún momento sentirás envidia por lo que saben hacer los demás y por lo que tienen. No te preocupes. Eso pasa. Hay una envidia sana que creo que es muy positiva y te motiva a seguir adelante, haciendo que busques nuevos retos.
  • Sé humilde.
  • No trates a las personas con desprecio.
  • Sé generoso.
  • No cierres las puertas dando portazos. Sí, ésta va con doble sentido.
  • Todavía puedo ganarte echando un pulso.
  • Muchas veces no tomamos decisiones por miedo. No te preocupes. Eso pasa. Pero las decisiones no las tomará nadie por ti. Es TU vida y TÚ eres responsable de lo que quieras hacer con ella. Los demás estamos como “suplentes” para echar una mano. A veces al cuello y a veces para repartir la carga.
  • Puedes hacer sobreesfuerzos de manera puntual. A veces te lo pedirán aunque sea sutilmente. No te preocupes. Eso pasa. En cualquier aspecto de la vida. Pero el límite lo tienes que poner tú.
  • Tendrás días en los que te pongas a trabajar y simplemente no te salga nada o no te llegue la “inspiración divina”. No te preocupes. Eso pasa. Haz un pequeño break o intenta solucionar tareas pendientes con un componente creativo menor. Aprende a lidiar con estas situaciones.
  • Tendrás días que se pasarán volando y otros en los que el reloj va hacia atrás. No te preocupes. Eso pasa. Tendrás tareas con las que vas a disfrutar y momentos en los que te arrepentirás de estar haciendo lo que haces.
  • Recíclate profesionalmente y no dejes de aprender. Necesitarás invertir mucho tiempo en ello. Pero vale la pena.
  • Hay gente que se intentará aprovechar de ti. Sé buena persona, no seas gilipollas.
  • Aprende inglés, bitch.
  • El trabajo es trabajo. Por mucho que te pueda llegar a gustar a lo que te dedicas, puedes llegar a “quemarte”. No te preocupes. Eso pasa. ¿Quizá necesites un cambio llegado el momento?
  • Ten proyectos personales o un hobby. Es algo que te ayudará a desconectar.
  • Demuestra lo que sabes hacer. Las palabras se las lleva el viento.
  • El deporte es una forma genial de reducir las ganas de matar. Léase “ganas de matar” con cierta ironía, oigan.
  • Tendrás ideas geniales que empezarás y dejarás a la mitad. No te preocupes. Es normal. No te sientas demasiado frustrado por ello.
  • Habrá momentos en los que estés empleando tu tiempo libre en no hacer absolutamente nada. Puede que incluso te sientas mal por ello. No te preocupes. Es normal. A veces me he “obligado” a invertir mi tiempo en cosas que productivamente hablando son lo peor. En efecto, hablo de la Playstation y Steam.
  • Probablemente no te hagas millonario. Aunque yo te lo agradecería, ¿eh?
  • Lee. Lee mucho. Porque leyendo mejoras tu vocabulario y tus capacidades comunicativas.
  • Rodéate de gente con la que puedas compartir inquietudes profesionales. Aunque sea vía Skype o en un foro. Nunca sabes dónde puedes encontrar a un buen amigo con el que compartirás grandes momentos. Mírame a mí, ¡estuve en la boda de RUDE!
  • Aprovecha las facilidades que te ofrece Internet para darte a conocer y difundir tus capacidades. No todos nos convertiremos en youtubers de éxito pero LA RED es una herramienta increíble con un potencial enorme. Encontrarás comunidades y recursos dedicados a, probablemente, todas las profesiones del mundo. ¡Apróvechalo cojones!
  • “Tírate a la piscina” (creo que es como mejor se aprende bajo algunas circunstancias) y pon toda la carne en el asador para conseguir llegar a buen puerto. Eso no te garantiza el éxito pero nadie podrá decirte que no has hecho todo lo que has podido. Y si sale bien, la sensación es increíble.
  • Está permitido llorar.
  • A veces dirás cosas por hacer daño y luego te darás cuenta de que ha sido una mala decisión. No te preocupes. Eso pasa. Reflexiona sobre ello y luego no te quedes callado. Pide disculpas o háblalo.
  • Recuerda de dónde vienes.
  • Hay reglas que cumplir. En alguna ocasión las verás de manera injusta. Pero hay reglas. Hermano mayor mode on.
  • Valora las consecuencias de tus actos y responsabilízate.
  • Tus padres te han querido siempre, aunque no se demuestre como se debe.
  • No tengas miedo a pedir ayuda. No esperes a que sea demasiado tarde.
  • El “si hubiese tomado otra decisión…” te atormentará en algunos momentos. Pero no puedes dejar que eso te guíe ni te paralice durante el resto de tus días. Lo hecho, hecho está.
  • Te equivocarás. No te preocupes. Es normal. Equivocarse puede ser sano. Los errores son una gran forma de adquirir experiencia.
  • Y recuerda: el tiempo no se detiene ante nada ni nadie.

Feliz cumpleaños cabezón 🙂

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En el 2002, posando como supermodelos.

Evasión

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Nuestra vida es una carrera sin sentido. Vivimos presos de una cárcel que nosotros mismos nos hemos construido, que vemos cada día y que pensamos que es el lugar en el que tenemos que vivir. Pero no.

Pasamos un tercio de las horas del día en el trabajo, a lo que habría que sumarle el tiempo que nos cuesta ir y venir hasta casa. Si a eso le restas el tiempo que dedicas a todas esas pequeñas cosas cotidianas (aseo, ascensor, compras, cocinar…) y las horas que dormimos te sale la cuenta del día casi completa. ¿Dónde estamos nosotros? ¿En qué hora de toda esa mecánica absurda de nuestro cronómetro encajamos?

La prisa es algo en lo que nos educan. Sacar los estudios a curso por año, sin repetir. Eligiendo estudios aunque no sepas a ciencia cierta ni qué quieres estudiar ni si quieres estudiar. Pero estudiar aquí no es una opción, porque sin estudios superiores —antaño reservados a unos cuantos— no eres nadie. En esa escuela, la universitaria, aprenderás a pisar cabezas, a competir por ser el mejor, el primero, el más. Y entonces saltarás al ruedo, tú solo, ante el mundo. Sin tener ni idea de nada.

Una fábrica de parados en demasiados casos, víctima la institución de la pésima gestión política de las reformas educativas y de la estructura del funcionariado nacional, tan ajeno a la realidad que enseña que asusta pensar que haya formadores como los que hay.

Tras años y años de preparación es cuando, de verdad, empieza tu carrera. La carrera por medrar más rápido, por tener un contrato, por conservar tu empleo, por conseguir más sueldo, por cambiar de empresa, por cobrar mejor esas horas extra. Y ahí, en algún lugar de tu vida, entre la ducha matutina y el atasco de cada día, dejaste aparcado lo demás.

Nuestra existencia en esta sociedad es una carrera tan absurda como improductiva.

Toda nuestra sociedad occidental se rige por esa idea protestante del trabajo como absolución, como medio salvífico. Sin trabajo no somos nadie. El trabajo es el medio perfecto para poder vivir, tener una casa, un coche, un tren de vida, ir de vacaciones, conocer otros lugares, salir, divertirse… y cada lunes, tras los dos días de asueto, volver a la rueda.

Cada día, cada mañana y cada noche es un tramo de una carrera que no termina nunca.

Tomé conciencia por primera vez hace unas semanas. Estaba en el lugar más antipoético del mundo, un Starbucks en el centro de Madrid. Allí, dando sorbos a un café que no es café, en una atmósfera irreal y pretendidamente urbanita, me planteé algo que desde entonces me tortura cada día, lo que me lleva a escribir esto.

En la mesa de al lado un grupo de adolescentes desayunaba. Su ropa era más cara de lo que mi nómina seguramente podría pagar. Hablaban sin parar, pero sin mirarse, absortas como estaban en las pantallas de sus móviles, tecleando sin parar, deteniéndose solo a mirar su propio reflejo en la pantalla del aparato para ajustarse el pelo. Eran tan pijas que, cada tres palabras, decían una en inglés. Reían de cosas que no entendía y, pese al frío, salieron fuera a tomar el café —con leche de soja, supongo, y vete tú a saber cuántas cosas raras— para poder fumar.

Entonces lo vi. Vi mi vida, la absurda carrera de mis últimos años buscando crecer profesionalmente, mis horas extra trabajando en cosas diversas para intentar ganar más dinero, mis frustraciones y mis fracasos, mis éxitos y mis deseos. Todas esas cosas que empecé a cuestionar en los cien días que estuve en el paro empezaron a danzar ante mí.

Obviamente aquellas adolescentes tenían el riñón bien blindado. Les sobraba el dinero. No por su trabajo, claro, sino por su cuna. Estábamos en una de las zonas más caras del país y, a juzgar por cómo hablaban, vivían ahí. No tenían pinta de conocer el valor del dinero. La crisis, claro, no iba con ellas. Seguramente ya tenían una casa reservada para cuando la necesitaran y un coche esperando a que se sacaran el carnet. La vida así da para mucho.

Me hice entonces esa pregunta: cómo sería mi vida si no tuviera que preocuparme por el dinero. Es decir, cómo viviría si tuviera una casa pagada, facturas cubiertas, y una holgada tranquilidad para vivir bien.

Piénsalo.

Entonces, claro, todo cambia.

Trabajar pierde el sentido si concibes trabajar como una forma de sustento. Tu tolerancia a determinadas cosas mengua, porque no necesitas tolerar abusos o tomaduras de pelo. No tienes que hacerte el imbécil para que otros de los que depende tu trabajo satisfagan sus pretensiones. No tienes que temer con qué vas a darles de comer a tus hijos. No hay alquiler, no hay hipoteca, no hay facturas, no hay responsabilidad. Solo hay, ya ves, vida.

Y me di cuenta de lo estúpidamente que había corrido durante treinta años.

Porque, aunque sin duda soy una persona afortunada, sé bien lo que es vivir corriendo.

Durante esos cien días que estuve sin trabajo supe lo que es estar en la cola del paro, algo especialmente chocante cuando vives en un barrio periférico. Sentí lo que supone saber que, a mi alrededor, se apiñaba muchísima gente que tendría francamente difícil volver a encontrar trabajo. Por su edad, por su origen, por su formación. Yo, imaginaba, lo encontraría antes o después. Fueron apenas cien días, tres meses. Pero no quiero olvidar esas sensaciones de entonces, de esos días en los que dejé la rueda y solo deseaba volver a ella.

No olvidaré, por ejemplo, la sensación de mirar a mi alrededor e imaginarme explicándole a cualquiera de los allí presentes de qué solía trabajar yo. Que si periodista, que si política, que si el Congreso, que si Internet. Imaginaba las caras de esa gente mirándome con indolencia, como quien mira a un astronauta. Sentí cuán prescindible e irreal era mi mundo, todo lo que había motivado mi absurda carrera hacia delante. Y tampoco he olvidado esa sensación de cómo en la burbuja en la que me muevo, en las redes sociales y las redacciones, todos nos entendemos con nuestro lenguaje y nuestras aspiraciones.

Lo malo es que el mundo real está ahí fuera.

Yo, el afortunado, ni siquiera estaba en el paro del todo. Tenía un contrato a tiempo parcial con el que complementaba mi trabajo principal. En realidad había estado trabajando más de las horas que marca la ley con más de un contratante. Y eso sin contar colaboraciones. Yo, el parado, había estado sobretrabajando. Corriendo aún más rápido en esa carrera.

Luego llegaron aquellas adolescentes del Starbucks.

Lo peor de todo es que, tal y como están las cosas, la mía es la vida de un afortunado. Hay gente ahí fuera que mataría por poder correr. Es decir, por poder tener trabajo. Gente que ha pasado toda esa fase de preparación para poder ser un tiburón que pise la cabeza de los demás y poder así medrar pero que, por culpa del momento en el que ha nacido, no puede hacerlo. Es fácil plantearte cosas cuando tienes trabajo y unos ingresos. Igual de fácil que debe verse la vida si eres una de esas niñas bien del Starbucks.

Pero la verdad es que estamos corriendo tanto —o intentando sumarnos a la carrera—, que no vemos lo que pasa por nuestro lado. Ahí sigue la familia, siguen los amigos, sigue el tiempo entero. Siguen los lugares a los que ya quizá nunca iremos, y todas y cada una de esas oportunidades que pasaron. Las cunetas de nuestras vidas están llenas de opciones muertas que no tomamos, de decisiones que desaprovechamos. Ahí hay un montón de errores y otros tantos aciertos.

Sin embargo la carrera no puede parar. Por un momento puedes ser consciente, abrir los ojos en mitad de este enorme Matrix social, mirar a tu alrededor y ver la realidad. Ver que te pasas la vida perdiendo el culo para conseguir dinero para comprar cosas, y más dinero, y más cosas. Puedes cobrar conciencia de que te matas a hacer cosas para que, al fin, cuando te jubiles, estarás tan solo y cansado que ya no tendrás fuerzas para disfrutarlo.

Eso, claro, si tienes jubilación.

La carrera no puede parar.

No puedes liarte la manta a la cabeza e irte a un pueblo, a una playa, a otro país a intentar vivir sin correr contra el reloj. No estamos educados para eso y muy pocos son capaces de tomarse esa pastilla roja. ¿Qué te espera al otro lado? ¿Luchar lo que te quede de vida contra todo lo establecido y sin garantía de éxito?

En esta sociedad lo único que nos queda es la evasión.

Evasión, bonita palabra.

Evadirse puede querer decir —así, sin mirar el diccionario— marcharse, esquivar algo, ocultar algo, huir, tener la cabeza en otras cosas, incluso robar. Esta última, la evasión fiscal está muy de moda en este país, pero no es precisamente esa acepción la que hace del vocablo de marras una bonita palabra.

La evasión es la necesidad de la huida. El respiro cotidiano, el cerebro en stand by, la mirada al infinito, la vista perdida, el imaginar lo que dirías o harías si tuvieras valor. También es, claro, el temer, el expresar los peores demonios internos de forma irracional, el machacarte internamente mientras fuera sigues sonriendo.

Julio Verne no inventó la evasión, pero la hizo mágica. Él fue el padre de historias increíbles que materializaron los mayores anhelos y los principales miedos de la humanidad. La exploración, la aventura, lo desconocido, el reto de superar aquello para lo que la naturaleza nos diseñó. Da igual que sea visitar el centro de la tierra, volar o, incluso, viajar en el tiempo. Esa desazón ante lo imposible, ante lo que no controlamos, es como esa pizca de pimienta mental para seguir creyendo.

Porque si no creemos en algo, en que podemos conseguir esa meta secreta que ambicionamos, para qué vale la pena luchar. ¿O acaso tú no vives tus días esperando que llegue un momento en que consigas eso que buscas?

Verne era un visionario. Pero no porque adelantara descubrimientos o búsquedas, que también. Era un visionario porque consiguió regalar una ventana a millones de personas por la que evadirse de una realidad mucho menos mágica. Leer sus narraciones es sumergirse en algo superior, diferente e ignoto, que te hace olvidar por un momento la miseria de una vida mucho más mundana, rutinaria y gris.

Él escribía, y ese era el canal de evasión que ofrecía. Pero evasiones hay tantas como humanos. La música, la poesía, el cine. También un viaje, una persona, un olor. A veces un recuerdo, un café, un cigarro. Incluso, claro, dormir y soñar. Las cosas más mágicas de la vida son precisamente las que no son, las que no tienen forma, las que no tienen definición posible ni pueden ser explicadas. La magia es así, y ese es su valor.

La sensación de la evasión, del desconectar, está al alcance de todos. La capacidad de crear algo que ayude a los demás a desconectar, no. Por eso Verne es Verne, un tipo moderno y vivo aunque en nuestro imaginario colectivo vista pantalones de pana y lleve mapas acartonados bajo el brazo. Un loco imaginativo, un soñador. Esos son los que acaban siendo recordados, no los que fichamos cada día, a la misma hora y en el mismo lugar para hacer lo mismo de siempre. Ahí no hay aventuras, ahí solo hay necesidad de evasión.

La evasión es inherente al ser humano en tanto en cuanto es racional: los animales no se evaden, simplemente hacen. Nosotros, humanos, mentimos, urdimos estrategias y conspiramos. Y, entre tanta actividad cerebral, necesitamos un descanso. Necesitamos evadirnos.

El mundo, tal y como lo hemos conocido, es una carrera demente hacia la nada. Competir por ser mejores, por llegar más alto, por ganar más, por comprar algo, por tener algo. Dedicamos más tiempo al trabajo que a la familia, más a las preocupaciones que a bailar, más a tener miedo que a gritar a pleno pulmón. Cuesta imaginar a gente tan mágica como Mario Benedetti o Silvio Rodríguez negociando horas de productividad o haciendo horas extra. Sin embargo son los poetas (los cineastas, los artistas) los que más evasión nos regalan.

Ni siquiera las evasiones son como las de antes.

Ahora ya nadie pinta ni esculpe. Los que levantan soberbios edificios lo hacen para dignificar a sus nuevos mecenas, no ya con su cara en una vidriera de la catedral, sino haciendo de su ciudad un monumento en memoria de su ego. Aunque las calles se llenen de persianas metálicas de comercios cerrados, aunque ya no haya grandes eventos deportivos que justifiquen el despilfarro, aunque la mayoría de campos de golf y hoteles se hayan quedado desiertos. Ahí quedan, erigidas, esas edificaciones para escarnio de nuestro tiempo.

Ni siquiera las evasiones son como las de antes.

Ahora lo que más aceptación tiene es ir a un estadio a vociferar. Una suerte de nueva guerra sin sangre, en la que tenemos unos colores y una bandera, apoyamos a «los nuestros» aunque sean mercenarios llegados de lejos para combatir por espurios intereses. Cantaremos contra «los otros», desearemos su derrota y señalaremos al traidor que deje nuestro ejército para irse con el otro. El fútbol no es solo una vaga representación de aquel circo romano, sino todo un compendio de cómo funcionaba la lógica de la guerra. Pero es que ahora las guerras tampoco son como fueron.

Lo que queda es, pues, eso. Sentarnos a leer un libro, a escuchar una canción, a fumar un cigarrillo o a tomar una copa. Una conversación, una persona, un poema, un olor, un recuerdo o un sueño. O quizá un ejercicio catártico de insulto colectivo en un estadio de fútbol, desvanecer mi identidad con la masa saliendo a la calle, dejarme llevar.

Evadirse acaba siendo eso, desconectar el cerebro. Parar la carrera sin dejar de correr.

Al final nos pasamos la vida evadiéndonos de una realidad última, insuperable e incontestable: que a la que te quieres dar cuenta de que llevas toda la vida trabajando para poder evadirte en condiciones, eres ya demasiado mayor como para disfrutar de la evasión.

Y entonces llega la evasión de verdad, la única. La irrebatible.


Artículo escrito por Borja Ventura y publicado originalmente en Jot Down nº3. Muchísimas gracias a Borja y la redacción (en concreto a Olga) de Jot Down por permitirme el uso del material.

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Sobre ideas, validación, curiosidad y una recompensa de 10.000 euros

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(Este artículo está publicado y revisado también en Medium)

Tras un titular tan poco SEO friendly me gustaría dejar por escrito una experiencia que he tenido durante los últimos meses y que ha sido muy positiva tanto a nivel personal como a nivel profesional. Es de esas experiencias que te demuestran que conceptos como el esfuerzo, la curiosidad o ser “proactivo” son partes tan o más importantes como las habilidades técnicas que se hayan adquirido con el tiempo. Da lo mismo que seas diseñador, un developer o conductor de camiones.

Todo empezó porque soy culo inquieto y me gusta siempre meter el hocico en todo lo posible. Saber cosas, o mejor dicho, entenderlas. Me interesa más el problema, la experiencia y el camino hasta dar con la solución, que la solución en sí.

En esta ocasión llevaba una temporada dedicando más tiempo a aprender conceptos relacionados con el diseño de producto, el marketing, la afiliación y sistemas de referidos, que a ver cuál era la última aplicación que se lanzaba y que prometía a ser la herramienta definitiva llena de killer features para hacerme mejor diseñador.

Me decidí por “estudiar” sobre estos campos por el interés que tengo en el diseño de producto (entendiendo producto como algo no necesariamente tangible, véase SaaS) y por mantenerme siempre mínimamente al día viendo que el mercado internacional demanda cada vez más product designers. Sentía la necesidad de aprender más sobre conceptos que si bien van ligados a la capa visual de un proyecto, tienen mucha más miga detrás. Es ahora cuando deberiáis recordar esos años de estudio en los que siempre os pedían justificar las decisiones de diseño. Pues hay mucha más miga, mucha más 😛

Bien, aquí os va un chorizo. Ale-hop!

Tranquilos que no se me ha colado una inyección de links spammers! Leer, leer mucho. Leer sobre UX, sobre psicología aplicada al consumo, sobre startups que cerraron… sobre experiencias en definitiva. No hay día que no agradezca enormemente la cantidad de información vital que hay disponible y que nos puede ayudar a mejorar.

Veamos. Si se es mínimamente perspicaz uno se da cuenta de que la mayoría de los artículos enlazados están orientados al mercado móvil y/o apps. Deformación profesional e intereses personales, sorry. Me gusta investigar este terreno y en el estudio hacemos proyectos de este tipo. Ya sabéis el dicho de que la cabra siempre tira p’al monte.

Quizá estas razones fueran las que hicieran que un día mientras veía la tv, se me ocurriera una idea un poco simplona para hacer un jueguecito pensado para móviles. (nota: dudo mucho que lo que estaba viendo en la televisión tuviera algo que ver).

Corregidme si me equivoco pero la mayor parte de las veces nos detenemos aquí. Se nos ocurre algo, lo “vemos” y le damos un par de vueltas pero seguimos con nuestra vida. A veces porque ha sido una “idea fugaz” sin más, otras veces porque tampoco nos queremos complicar demasiado, porque pensamos que algo así seguramente ya esté hecho, etc. Pero yo quise ir un poco más allá en esta ocasión. Pensé que podría ser algo factible teniendo en cuenta la situación. Así, intenté hacer una validación rápida, cutre y casposa de lo que tenía entre manos. Validar una idea, obligatorio!!

  • Dado que la mecánica principal era una ligera vuelta de tuerca y resultado de mezclar algunos conceptos existentes, posiblemente la idea pudiera importar a “alguien” y por tanto es probable que existiera un mercado.
  • Pensar que “hay un mercado” sin hacer estudios ni tener datos es para que te saquen la tarjeta roja directa. Pero la puesta en marcha no requeriría apenas inversión económica ni un tiempo de desarrollo elevado.
  • Probablemente dispondría del equipo técnico necesario para llevarla a cabo.
  • Al tener un riesgo mínimo de “pérdidas”, podría ser una experiencia claramente positiva sin importar el resultado.

Como la “emoción” me embargaba lo siguiente que hice al llegar al trabajo el día siguiente fue hablar con mi señor jefe [Q]Boss para continuar el proceso de validación. Necesitaba opiniones adicionales sobre si conocía algo parecido y qué tal lo veía. Teniendo en cuenta lo mucho que está metido en el desarrollo móvil, era un buen referente. Pensé que al momento de contrastarla llegaría la cruda realidad en plan “ya hay 30 que hacen eso mismo”. Sorprendentemente la idea recibía buen feedback.

Terminé diseñando un par de bocetos rápidos sobre el estilo que tenía pensado y ver si podíamos estar en sintonía. Tengo que agradecer la posterior colaboración del resto de mis compañeros a la hora de resolver mis dudas y aportar toda su experiencia sobre el enfoque del proyecto.

Además en este punto en concreto creo que tomé otra buena decisión: seguir ampliando el número de personas con las que validar la idea. Gente conocida, profesional del sector, fuera de mi radio de acción diario y que también fueran habituales del sector a nivel usuario. Eso supuso invertir tiempo en la preparación de una breve documentación usando Google Docs en la que explicaba coloquialmente lo siguiente:

  • Cuál es la idea
  • Mecánicas básicas
  • Dudas sobre funcionalidades
  • Ideas para monetización

Quería obtener un feedback real, nada de buenrollismo gratuito o esto mola porque sí. Porque es necesario que te den palos si te lo mereces de la misma manera que si la mecánica es una mierda da igual lo bien que la vistas (aunque curiosamente al revés sí que funciona).

Para mi asombro, los comentarios recogidos seguían siendo totalmente positivos. Reconozco que estaba muy animado xD. Quiero darle las gracias a @RUDE, @elecash, @rakelka y a @Carloselrojo por el tiempo invertido ofreciéndome sus valiosos comentarios. También quiero darle las gracias a David porque en el fondo él también aportó su granito de arena al ayudarme a validar anteriormente otra idea para un proyecto más ambicioso y que me sirvió para darme cuenta de lo importante que es y lo mucho que aprendes de estas experiencias. Darle al coco es lo mejor que se puede hacer 🙂

Involucré directamente a [Q]Boss porque necesitaba a alguien con más experiencia en la dirección de proyectos y porque al fin y al cabo si quería pedir la ayuda de mis compañeros, sería bueno establecer una ruta a seguir. Pensamos que podríamos tener algo visible en un par de fines de semana trabajando a lo loco. Pizza, ojeras, algunas partidas a la “play”…

Aquí el problema a solucionar consistía en poder marcar una fecha concreta en la que ponerse manos a la obra. Una fecha cercana y realista. Creo que hay que aprovechar el momentum y no dejarse vencer por la apatía porque de lo contrario estás condenado y se puede dar al traste con la mejor de las ideas. Pero es muy dificil hacer algo por amor al arte y lo es más cuando quieres involucrar a más personas a las que en un primer momento no les puedes ofrecer nada más que “ver qué va a pasar”. Es complicado cuando toda la semana te dedicas a proyectos y más proyectos. Y es que no se trata de falta de ganas (que también) sino de ver cómo compatibilizar el día a día con el tiempo que necesita algo así sin que llegue a afectar demasiado. Pero creo que es imposible algo así. Es como pensar que abrir una tienda online no va a suponer un esfuerzo extra si quieres que salga bien.

Todos trabajamos duro e intentamos esforzarnos para poder tener “fuera” nuestras vidas (con sus más y sus menos) y poder “desconectar”. Reconozco que si bien yo no sé “desconectar” también sentía cierta pereza. ¿Prefería disfrutar de mi rutina “liberadora” esos fines de semana o dedicarlos a esta idea y ver qué beneficios podría obtener después? Dichoso Freud!

Pasaron unos cuantos días y tampoco insistí demasiado. Sí que seguía recopilando información para mejorar los procesos y puntos débiles. Por ejemplo encontré este artículo para escribir buenas notas de prensa bien majo. Por cada artículo que encontraba, más me animaba a seguir creyendo en hacer “algo”.

Entonces fué cuando me encontré esto. 10.000 euros para hacer tu primera aplicación.

Pensé que si sonaba la flauta y consiguiera algo de “inversión”, tendría fuerza suficiente como para plantear el desarrollo como un proyecto real en el estudio, realizado en tiempo de jornada laboral. Y bueno, 10k no es que te arregle la vida pero sí que permitiría algo de la envergadura inicial que tenía entre manos. Luego si se demostraba que la idea funcionaría, ya veríamos. Primero empecemos a gatear y luego ya vemos qué es eso de andar.

Volviendo al tema del evento me mantuve expectante. Pero analizando mínimamente la situación el balance era claramente positivo: tras el ofrecimiento se encontraba César Martin al que ya conocía por sus artículos y Becas Alzado, lo que le confería cierto grado de confianza. También pensé que realmente apenas tenía que hacer nada para presentarme puesto que contaba con bocetos y documentación ya creada. Mi idea se ajustaba bien a los criterios necesarios. No perdía nada por intentarlo así que me presenté por email, hablé sobre mi idea e inclusó compartí totalmente la documentación que tenía elaborada hasta el momento. Después, me limité a esperar.

Poco tiempo después César contactó conmigo. El siguiente paso a realizar por todos los participantes consistía en una entrevista telefónica. Me hicieron llegar un cuestionario que sería la base de nuestra conversación. Un cuestionario que tras responder pensé que realmente valía su peso en oro. Me pareció tan completo que me sentí realmente bien preparando las respuestas (para lo que tuve que investigar, leer más aún e incluso preparar algún boceto extra). Responderlo al completo me demostró a mí mismo que iba en serio y que estaba intentando tenerlo todo claro para llevar al éxito una idea. O al menos a intentarlo. Sin pájaros en la cabeza, siendo realista.

Agradeciendo a César el permiso para compartirlo, el cuestionario era el siguiente:

  • Presenta tu idea en 10 minutos.
  • Experiencia previa desarrollando aplicaciones
  • ¿Es tu idea internacionalizable? ¿Cuáles son los principales problemas y virtudes para ello?
  • ¿Sería tu proyecto de pago? Si es así, ¿cuánto? Motivos.
  • ¿Cuáles son tus principales clientes?
  • ¿Cómo llegarás a ellos?
  • ¿Qué tiempo necesitas para hacer un prototipo?
  • ¿Estás dispuesto a hacer un test de concepto con un grupo de usuarios?
  • ¿Tienes una sociedad constituída?
  • Por la aportación de 10.000 euros, ¿qué participación estarías dispuesto a dar en este proyecto?
  • ¿Estarías dedicado/s al 100% a este proyecto?
  • ¿Cuál sería el calendario de pagos ideal y en base a qué hitos se harían esos pagos?

Como veis, es un cuestionario que apenas deja nada al azar y deja muy clara la intención de todas las partes implicadas. Así pues preparé bien las respuestas y me lancé a la piscina. Tras esa entrevista llegó un email. Y luego otro. Y otro. Y así estuve los siguiente días cruzándome correos con César en lo que para mí terminó siendo el reconocimiento al esfuerzo y las ganas que siempre he mostrado por mantener la mente despierta y curiosa. No hace falta que explique literalmente qué paso, ¿verdad?

Pues… Finalmente decidí decir “gracias, pero no.” Toma giro de guión xD.

No hay ninguna razón o planteamiento oscuro y tampoco me parece que entrar en detalles aporte algo valioso. A grandes rasgos pensé que aceptar ese dinero podría dar lugar a algunas situaciones que desestabilizarían nuestro a-veces-caótico-a-veces-indescriptible ritmo de trabajo habitual. Y no me gustaba pensar en que YO pudiera ser razón de un posible desbarajuste o de algo parecido a esos momentos mágicos que a veces regalan algunos clientes. Reconozco que aquí me eché un poco para atrás. Agradezco de verdad a César toda la información y los correos que hemos cruzado. Gracias!

En el fondo también me gustaba la idea de mantenerlo como un proyecto paralelo, algo que no se dejara llevar por la marea de los tiempos de entrega, la presión o el estrés habitual. Y creo que tomé una buena decisión.

Realmente, y con esto voy acabando ya, creo que el haber cogido una idea y haberla llevado hasta donde la llevé ha sido un auténtico lujo y un verdadero premio. La recompensa no es tangible y quizá no la vea a corto plazo, pero crecer como profesional y seguir aprendiendo no tiene precio. Es eso lo que intento hacer ver cuando escribo cosas así, cuando doy una charla o hago un taller. Y es duro. Pero hay que demostrar que le echamos un par de webs 🙂 No me gusta citar a Steve Jobs porque estoy de Apple y el fanatismo hasta las narices, pero qué gran verdad es eso del stay hungry, stay foolish, ¿eh?

Y sí, me he dado cuenta que no he mencionado detalles sobre la idea. Pero ya lo dije al principio: me interesa más el problema, la experiencia y el camino hasta la solución, que la solución en sí 😉

(Imagen de cabecera Glowing bulb over wooden background cortesía de Shutterstock)

¿Es que tengo que tener una razón para todo?

Cuando estaba cursando estudios de diseño, una de las partes más petardas de los ejercicios prácticos era la realización de “la memoria”. Esta memoria era “simplemente” la justificación y argumentación de los procesos y decisiones tomadas que nos llevaban al producto final presentado. Ya fuera cartelería, diseño editorial o una ilustración en blanco y negro, había que razonar al menos mínimamente qué nos había empujado hasta entregar lo que cada uno considerábamos como un ejercicio terminado.

Seguir leyendo (en [Q]Interactiva)

Bye bye Fireworks?

Pues sí, Adobe ha tenido los cojonazos decidido no continuar con el desarrollo de Adobe Fireworks (aunque me pregunto a qué le llaman desarrollo viendo las últimas versiones).

El anuncio oficial lo hicieron durante el reciente Adobe MAX y aquí está la esquela [en] seguida de casi 1.000 comentarios en los que se puede leer un poquito de todo: desde los que nos apenamos por la decisión, los haters, los que proponen que lo liberen en un movimiento muy similar a la caída de Freehand… El revuelo que suele montarse cuando se dan este tipo de situaciones vaya.

A ver. Adobe como empresa privada que es puede hacer lo que le salga del orto. Es su programa y se lo f***a cuando quiere. Además la legión de usuarios (entre la que me incluyo) que hacíamos uso intensivo de la herramienta lo veíamos venir. Estaba cantado que antes o después caería. Pero no negaré que tenía un mínimo resquicio de esperanza por un resurgimiento a lo ave fénix. Al fin y al cabo la proliferación del diseño multi-dispositivo encajaba a la perfección con un montón de características que Fireworks ponía a nuestra disposición (librería de simbolos, prototipado con interactividades simples y no tan simples [en], jerarquización de contenidos y una estructura brutal mediante el uso de páginas y estados).

Lo que me ha tocado la fibra en realidad es que me vendan la moto del:

[…] overlap in the functionality between Fireworks and both existing and new programs like Photoshop, Illustrator, and Edge Reflow.

No te jode. Si le vamos metiendo funcionalidades a, por ejemplo, Photoshop que YA están en Fireworks pues normal que se solapen funcionalidades, ¿no? También está lo de:

Designing for the screen in 2013 is incredibly different to designing for the screen in 1998. As we considered adding new capabilities to Fireworks, we came to the conclusion that creating new, task-focused tools would better enable us to meet the future needs of web designers and developers.

Que viene a ser “es que después de pensar en añadirle cosas, hemos caído que es mejor hacer herramientas más específicas”. Ah claro. Por eso Photoshop también tiene 3D y vídeo y le siguen añadiendo cositas para el trabajo vectorial “a lo Fireworks”. Va a ser eso, sí.

Para mi Fireworks no es una religión ni la herramienta sagrada ante la que ha de postrarse hasta el Rey León. Es, simplemente, una solución óptima para resolver problemas de manera eficaz en lo que a prototipado y diseño web se refiere. Una solución que permite establecer un workflow bastante decente ya sea en el modo “hombre-orquesta” o en un equipo (diseñadores, maquetadores y desarrolladores). Y no me estoy inventando nada, es que es un hecho. Demostrable.

Sigo sin entender muy bien la decisión y por qué ha sido Fireworks el señalado con el dedo. ¿Qué recursos estaba Adobe realmente dedicando al desarrollo de un programa como Adobe Fireworks? ¿Hay planes de seguir incorporando características de Fireworks en Photoshop y/o Illustrator? De ser así, ¿por qué entonces se ha dado carpetazo al proyecto? ¿Es más sencillo portar características a otros programas?

A mí me pagan por hacer mi trabajo bien. Pero hacerlo bien y además en tiempos razonables. Señores, que mucho jijí y mucho jaja pero aquí estamos hablando de trabajar. Y el tiempo fue de los primeros puntos que traté en el análisis definitivo de Fireworks. ¿No es entonces lógico plantear como errónea la decisión de acabar con una herramienta que agiliza el proceso productivo en planteamientos web frente a otras soluciones que aporta la misma compañía? ¿Por qué he de quedarme con alternativas que a día de hoy aún no están a la altura? Está claro que el camino lo está marcando Sketch [en] pero para plataformas Windows, ¿qué me ofrece Adobe? ¿Que vaya saltando de flor en flor? ¿Que me pelee con Photoshop? Pero si lo fantástico de Adobe Fireworks es que tenía un poquito de todo!

Recientemente he tenido que trabajar con Photoshop en un proyecto web y para mí sigue siendo un hándicap. Tiene detalles excelentes pero el mero hecho de no poder estructurar por páginas… sólo por eso es que ya merece la pena decantarse por FW. ¿Y qué me decís de la selección directa? ¿O el inspector de propiedades?

Ojo, que Adobe está sacando cositas que están muy bien. Lo de Reflow [en] tiene buena pinta, Edge [en] también… Evidentemente es decisión de cada uno si se sube al carro e invierte horas en el aprendizaje de nuevos programas o campos en los que meter la pezuña.

No me quiero extender demasiado porque no hay vuelta atrás. Adobe ha tomado la decisión como se tomó con Freehand en su momento y como tomará las que están por venir. Porque Fireworks no será el último en caer, eso está claro.

No estoy enfadado, no estoy triste. Me adapto bastante bien a los cambios y de hecho siempre me gusta probar cosillas nuevas. Sin embargo sí que me apena el hecho de no poder contar con tanta ilusión como antes, los beneficios de una herramienta como Fireworks en el flujo de trabajo orientado a diseño de interface o web. ¿Le veis mucha salida a montar talleres o workshops de Fireworks? Yo tampoco.

Aún así lo seguiré recomendando. Y creo que le queda cuerda para un par de añitos al menos. Fijaos si no en la de años que Trochut siguió usando Freehand para hacer sus increíbles proyectos xD

En el estudio ni siquiera nos planteamos el cambio a corto plazo. ¿Por qué habría de hacerse? ¿Por arte de magia ahora Fireworks es peor? Pues eso. Este muerto está muy vivo. Pero con un ojo me fijo en Fireworks y con el otro en lo que viene. Pero así he sido siempre y así lo hago saber creando cursos de diferentes temáticas 🙂

Bola extra: Adios, Fireworks por Tecnorama + ¿Quién se ha llevado mi Fireworks? por Antonio Lirio + Now what [en] por Ale Muñoz

Así fue Adobe Link

adobelink

Una vez más se confirman mis sospechas: hay mucha y muy buena gente dentro del mundillo con la que da gusto encontrarse de cuando en cuando. Contar batallitas, crear sinergias, compartir anécdotas laborales… En el fondo cada vez que asisto a algún evento siempre digo lo mismo: el evento en sí mismo es la “excusa” para poder volver a ver a compañeros o ponerle cara a alguien a quien tengo ganas de conocer. En su primera edición, Adobe Link cumplió de sobra mis expectativas y ya estoy pidiendo otro más.