Mi experiencia en Dribbble + descarga gratis plantilla HTML para portfolio

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No he encontrado ningún artículo hasta la fecha (por lo menos en español) que hable sobre experiencias en Dribbble donde se aporten datos que de verdad puedan ser interesantes para entender si merece la pena registrarse y por tanto dedicar esfuerzos a tener presencia en otra “red social” más. Así que muevo ficha.

Me interesé por Dribbble supongo que como cualquier otro diseñador que descubriera ese sitio web en su momento: exclusividad, se veía mucha calidad, buen feedback por parte de otros usuarios… En 2010, tras hablar sobre el sitio en cuestión conseguí una invitación gracias a RUDE y decidí empezar a subir algunas muestras de los diseños con los que estaba trabajando por aquel entonces.

Por ponernos un poco en situación, Dribbble se creó con la idea de ser una especie de Twitter del diseño, mostrando simplemente pequeños detalles o muestras de lo que tenías entre manos. A día de hoy del objetivo principal poco queda y la comunidad ha hablado. La “red social de diseñadores” ahora es totalmente diferente, mutando en algo más parecido a un muestrario tipo Behance, dejando de lado la idea de ser un lugar en el que buscar opiniones constructivas o feedback de otros profesionales. Y no es que eso sea malo, simplemente es cuestión de adaptarse y sacarle provecho.

Reconozco que me costó hacerlo en su momento. Prefería seguir viendo Dribbble como lo que era originalmente, un lugar donde conseguir opiniones y críticas y no otro sitio más en el que tendría que preparar muestras finales de ideas o imágenes típicas de portfolio para ganar exposición. Si ya me costaba mantener un rincón propio actualizado y mi cuenta en Behance se enterraba bajo una densa capa de polvo, no quería que con Dribbble me pasara lo mismo.

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Un ejemplo de imagen subida a mi cuenta en Dribbble.

Supongo que el hecho de querer aprovechar el “tirón” que ofrecía la plataforma hizo que no desistiera en mi empeño de seguir usándola activamente para seguir subiendo algunas pequeñas muestras. Incluso empecé a pagar por la versión “pro” cuando se lanzó esta opción. Básicamente lo hice por la “tontería” de mostrar una medallita en la que indicabas que estabas disponible para aceptar encargos.

Pero pongamos datos sobre la mesa. Os va la batallita en plan resumido:

Llevo como usuario pro en Dribbble casi cuatro años. El gasto que esto me ha supuesto ha sido solamente de unos 80 dólares… y han sido amortizados con creces sin necesidad de ser un referente en lo visual ni contar con una gran visibilidad que me aupara en los primeros puestos en los resultados de búsqueda.

En todo este tiempo he sido contactado por 16 personas diferentes que buscaban diseñador para algún proyecto relacionado con web, apps y usabilidad.

De esos dieciséis contactos, tres se veían claramente que no estaban personalizados de ninguna forma, ofrecían datos muy difusos y olía a solicitud enviada a granel. De hecho uno de esos dos contactos me llamaba Javier 😛 Decidí no contestarles.

De los contactos restantes, establecí comunicación con todos ellos, pidiendo más detalles, consultando la viabilidad, tiempos… Todo lo que se suele hacer cuando se inicia un proyecto y se ha de preparar un presupuesto. Generalmente lo derivaba todo a través del estudio para poder hacerlo durante la jornada laboral o pasaba el proyecto a conocidos si no podía hacerme cargo en tiempos, siempre indicándolo claramente al cliente por si estaba de acuerdo.

De esos trece la mitad no volvieron a comunicarse conmigo tras mi primera respuesta. Curioso. Generalmente tardé máximo unas 36 horas en responder para al menos evitar caer en el olvido en los casos en los que la oferta se hubiese enviado a otros profesionales también (algo que en Dribbble pasa muchísimo).

Un correo típico de solicitud de oferta en Dribbble.
Un correo típico de solicitud de oferta en Dribbble.

De los contactos restantes, tres tenían un proyecto con unos plazos muy concretos y específicamente querían contar conmigo pero no podía asumirlos en el momento del contacto.

Otro indicó que el presupuesto se le escapaba un poco y finalmente salieron adelante tan solo 2 contactos/clientes. Sin embargo uno de esos dos clientes se convirtió durante una temporada en cliente recurrente e incluso me hizo llegar algún que otro cliente o propuesta adicional.

No sabría decir a ciencia cierta cuál ha sido el resultado económico exacto (calculo unos 2500-3000 dólares) pero sí sé que ha sido muy positivo teniendo en cuenta el tiempo invertido en mantener mi cuenta en Dribbble, el coste de ser usuario pro (que tampoco considero que sea muy muy necesario) y la cantidad de competencia que hay. De hecho estoy seguro que hubiese podido sacarle más provecho aún.

Evidentemente son cifras muy lejanas a lo que me consta que algunos usuarios y estudios bien posicionados en Dribbble manejan pero aún así el balance sigue siendo muy bueno. Y quería compartir que no todo el pastel se lo reparten los peces grandes, es cuestión de esforzarse un poquito 🙂

¿Dribbble solo sirve para subir trabajos?

Supongo que como cualquier otro sitio web en el que podemos registrarnos y subir contenido propio la funcionalidad que le demos puede ser muy variada y puede servirnos, por ejemplo, para dirigir tráfico a otros lugares que nos interesen.

Uno de los usos más habituales es subir imágenes que nos planteen un contexto que nos permita vender un producto o servicio en el que estemos trabajando. Por ejemplo el gran Román Jusdado ha empleado su cuenta en alguna ocasión para promocionar sus Custom Scenes y como él, infinidad de usuarios. Hasta yo mismo me animé.

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También podemos emplear todas las imágenes que hayamos subido a Dribbble y construir nuestro portfolio personalizado empleando cosillas como Jribbble [en]. De hecho aquí tenéis una plantilla html ya integrada con Jribbble para poder construir vuestro portfolio. Super fácil de usar y vale para un apaño.

Descargar plantilla portfolio Dribbble

Algo similar a ⌘+SPACE pero con el añadido de poder gestionarlo en nuestro propio hosting y modificarlo a nuestro gusto.

¿Cómo puedo conseguir que mi trabajo sea destacado? ¿Cómo consigo notoriedad?

Como decía al inicio el uso de Dribbble se ha ido distorsionando mucho y actualmente hay muchas imágenes muy muy populares que plantean polémica. ¿Hasta qué punto la imagen se ha creado para ser visualmente muy bonita sin importar si ofrece una solución para un contexto real?

En mi opinión todo forma parte del “saber venderse” y creo que tampoco podemos ser demasiado puristas en este aspecto. Podemos tener un producto bueno pero también tenemos que saber vestirlo para venderlo. También puede ser que tengamos una idea y simplemente queramos evaluar la reacción de la comunidad como este ejemplo de Claudio Guglieri.

En el fondo nuestros shots en Dribbble son una especie de pitch reducido a la mínima expresión, un breve impacto visual con los que tenemos que ganarnos los likes en cuestión de segundos en una red en la que continuamente se suben más y más imágenes.

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Personalmente he comprobado que subir imágenes con archivos asociados a tamaño real con alternativas o efectos de animación suelen captar más atención. Pero el momento exacto del día en que hacerlo sigue siendo un misterio para mi. En el blog de Drubbbler suelen publicar mini entrevistas y consejos. Mencionan el tema de la hora de publicación: The Best Time to Post On Dribbble [en].

¿Es buen momento para registrarse en Dribbble?

Quizá el punto álgido de Dribbble pasó pero tras todos estos años sigue siendo una comunidad bastante activa y sus creadores siguen realizando pequeñas actualizaciones y mejoras que demuestran que los usuarios seguimos interesados en todo lo que tiene que ver con Dribbble. Y si hay que hacer que rectifiquen, se hace [en].

Vamos, que hay Dribbble para rato. Y tengo dos invitaciones disponibles por lo que si hay interesados ¡dejadme los enlaces a vuestros rinconcitos para ver vuestros trabajos!

Disponible gratis online “Designing for Performance”

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Me he llevado una grata sorpresa al enterarme por Twitter de la disponibilidad online de Designing for Performance un título de la conocida casa O’Reilly. Lo tenía anotado como “lectura futura” para adquirirlo antes o después y resulta que lo han lanzado online de manera que pueda leerse su versión digital desde la web oficial de la publicación. Genial. Pero vamos, que si lo queréis impreso siempre tendréis esa opción.

Lectura más que recomendable para entender que un proyecto no basa su éxito exclusivamente en ponerlo todo bonito, hay mucha chicha por detrás 🙂

Designing for Performance [en]

¿Ganarse la vida vendiendo temas de WordPress? (y II)

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En Abril de este año 2015 publiqué un artículo exclusivo de este rinconcito donde los chicos de Jelly Themes nos contaron un poco sobre el proceso que supone dedicarse a vender temas premium de WordPress, una forma de conseguir ingresos que más de un profesional del mundo web debe haber sopesado en más de una ocasión. El link para tenerlo a mano: ¿Ganarse la vida vendiendo temas de WordPress?

Con herramientas como Marketopia podemos hacer números y sacar unas cuantas estadísticas interesantes sobre este tipo de negocio digital. Pero no hay nada mejor que las experiencias que nos cuentan los implicados de primera mano.

Navegando por DN (creo) me encontré Selling Commercial WordPress Themes, A Real Life Story, un artículo creado por Chris Wharton y que trata precisamente de eso, sus andaduras en el mundo del mercadeo de WordPress. Una lectura muy recomendable porque estos artículos escasean bastante.

Selling Commercial WordPress Themes, A Real Life Story [en]

¿Ganarse la vida vendiendo temas de WordPress? – Especial Jellythemes

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EPIC es uno de los últimos temas premium de WordPress creados por Jellythemes.

Crear nuestros propios productos digitales y venderlos en lugares como Creative Market o Envato se ha convertido en una opción más con la que ganarse la vida o generar ingresos extra adicionales. A poco que estemos mínimamente metidos en este mundillo sabremos de los cientos de miles de dólares que se están moviendo en el mercadeo de, por ejemplo, la venta de temas premium de WordPress. Un negocio muy goloso que empezó a despuntar hará cosa de un par de años y que ha conseguido que más de uno se haya cubierto de oro.

Junto a otros amiguetes rondé esta idea en su momento… y se me ha pasado el arroz. Aún así me sigue interesando mucho todo esto del mercadeo y el product design (remember del post sobre ideas, validación, curiosidad y una recompensa de 10.000 euros) para seguir formándome mejor y hacerme condenadamente rico de una vez.

Creo no obstante que meterse ahora en la venta de temas de WordPress es una tarea muchísimo más cuesta arriba que antes. No digo que se puedan generar ingresos suculentos pero no sabría valorar realmente el esfuerzo que esto supone en la actualidad. Antes lo veía más fácil sinceramente. La competencia actual es BRU-TAL.

Como creo que es un tema interesante, he querido contar con la especial colaboración de Xavier Arque (ex jefe supremo del estudio Dorsumi y uno de los responsables de poder haber tenido la revista Arte y Diseño en España) para conversar con los responsables de Jellythemes, uno de los pocos equipos en España que se dedican a la venta profesional de temas de WordPress y que tienen un éxito razonable. Al menos que yo sepa 😛

Les quisimos hacer llegar unas cuantas preguntas para que nos contaran un poco más cómo es eso de generar ingresos a través de la venta de temas premium. No me enrollo más. Ahí va el interrogatorio:

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Uno de sus últimos lanzamientos, la plantilla HTML Elixir.

¿Cuándo y cómo surgió JellyThemes? Contadnos un poco como fueron los primeros pasos y qué es lo que os llevó a crear esta marca.

Jellythemes surge a raíz de analizar y observar el mercado actual. En muchas ocasiones la inercia del día a día, el trabajo y los compromisos con los clientes nos impiden ver si vamos por el camino más adecuado…

Creemos que es positivo hacer click en el pause cada cierto tiempo, detenerse y analizar que es lo que quiere el mercado y donde puedes aportar más valor teniendo en cuenta tus virtudes y tus limitaciones.

Los primeros pasos fueron complicados, adaptar nuestro estudio al nuevo modelo implicó un cambio profundo de todo el proceso creativo y de desarrollo a todos los niveles. Realizar themes competitivos y rentables es una tarea compleja donde todas las piezas tienen que encajar perfectamente para hacer frente a la gran competencia que existe a nivel mundial.

Actualmente en la web de MedusaTeam no hay mención alguna a esta otra faceta. La presencia en redes sociales también está muy diferenciada ¿Hay alguna razón en concreto? ¿Preferís mantenerlo como un proyecto aparte?

Medusateam y Jellythemes son dos proyectos paralelos que comparten nuestra pasión por la web y el diseño pero son antagónicos a nivel de gestión y producción; Además, hay que tener en cuenta que tanto el target del cliente como el idioma también son distintos. Por el momento nos sentimos cómodos diferenciando ambos modelos pero de cara al futuro nunca sabe… no descartamos valorar otras posibilidades.

No parecéis muy activos posicionando vuestros temas en la red. De hecho es difícil encontrar algín lugar en donde se indique que Medusateam/JellyThemes hace temas de WordPress. ¿Es por falta de recursos? ¿Cómo os habéis dado a conocer hasta el momento?

Es prácticamente imposible posicionarte por encima de los monstruos del sector, tienes que usar otras armas… Como hemos dicho anteriormente, existe una competencia enorme en el mundo de las plantillas y la única forma de diferenciarte es exprimir a tope tus virtudes, aportar valor añadido y sobretodo dedicar muchas horas y trabajar duro para hacer que tus plantillas tengan la máxima calidad posible, a nivel de diseño, programación, funcionalidad y capacidad de personalización.

De un tiempo a esta parte, el aspecto visual de las demos a la hora de vender los temas se ha convertido en un factor determinante. ¿Créeis que en vuestro caso ha sido así? Con ese bagaje como estudio de diseño reconocido sería dificil creer que vuestras creaciones y buen hacer visual no han ayudado un poquito 🙂

Sí, sin duda alguna. Nuestra experiencia como estudio de diseño nos ayuda muchísimo y de hecho creemos que es uno de nuestras principales virtudes. Dicho esto, también es cierto que afrontamos cada plantilla como un nuevo reto y eso es lo que nos permite seguir aprendiendo cosas nuevas cada día.

Habéis superado las 7.000 ventas, una cifra respetable pero que aún está muy lejos de los autores destacados como Kriesi, ThemesFusion o QODE cuyas facturaciones superan el millón de dólares. Está claro que se puede llegar a hacer mucho dinero vendiendo temas y sin embargo apenas hay presencia española. ¿Por qué creéis que ocurre esto? ¿Tenéis contacto con algún otro español que esté dentro de este mercado?

Es cierto que la mayoría de autores populares son americanos pero también existen algunos españoles desarrollando plantillas… lo que ocurre es que desgraciadamente no todos salen adelante, en gran parte por culpa de la brutal competencia.

Nosotros tenemos la suerte de acumular 3 años de experiencia y eso siempre ayuda, es evidente que los que empiezan ahora desde cero lo tienen un poco más complicado.

Algunos top-sellers han decidido dejar de vender por completo en la plataforma de Envato y seguir por su cuenta y riesgo. ¿A qué creéis que puede ser debido?

Tener una plataforma propia de venta tiene sus ventajas y sus inconvenientes, la parte positiva es que tienes el control de absoluto de tu producto y no dependes de terceras empresas; El lado negativo es que la exposición de tus plantillas será mucho más reducida y la responsabilidad de cara al cliente es tuya.

Los dos modelos son perfectamente válidos y la elección depende de cada uno y sobretodo de como quieras enfocar tu negocio.

Sabemos que Envato cuenta con un equipo de reviewers que revisa todo el contenido susceptible de aparecer en su mercado. Curiosamente algunos de estos trabajadores también venden productos. ¿Se ha dado alguna situación de “conflicto de intereses” con vosotros en alguna ocasión?

La verdad es que nunca hemos tenido ningún problema con los revisores.

Son exigentes pero así es como debe ser… Creemos que es positivo dejar lo más libre de bugs un theme en su fase de lanzamiento, al fin y al cabo es lo mejor para el usuario final 🙂

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Sonorama, un tema especialmente pensado para webs de temática musical.

Trabajáis en una plataforma internacional y con clientes internacionales, pero al mismo tiempo sois una empresa pequeña, ¿cómo se ajustan los temas fiscales para IVA y facturación en este mundo global? Vuestra gestoría debe odiaros 😛

No os quisiéramos aburrir con temas fiscales… básicamente lo que hacemos es dejarlo en manos de nuestros gestores y ellos se ocupan del tema. La verdad es que aunque algunas veces se hace complicado intentamos focalizar lo máximo posible en la parte creativa del negocio.

Los profesionales que más temas venden dicen que lo que les toma más tiempo es el soporte. ¿Os ocurre igual a vosotros? ¿Valoráis establecer relaciones con los clientes o simplemente vendéis un producto acabado y os olvidais del tema? Dado que el trato es prácticamente en inglés, ¿Teneis alguien que pueda interactuar fluidamente en ese idioma con vuestros usuarios? ¿Os genera algún tipo de problema?

El soporte técnico es una parte muy importante para nosotros, sin duda atender a tus clientes en su idioma y con mucha paciencia es una de las claves para tener una buena reputación.

Por otro lado es completamente cierto que toma mucho tiempo, de hecho contamos con un equipo de profesionales dedicado exclusivamente a este tema.

Un problema recurrente con los temas es las actualizaciones de WordPress. ¿Os crea muchos problemas el que a lo mejor alguno de vuestros temas tenga algun error tras una actualización? ¿Sois proactivos en la mejora de todos vuestros temas u os basáis en el grado de aceptación y ventas para dejar de ofrecer actualizaciones?

Aunque la puntuación media de todos nuestros themes es muy positiva nos gusta escuchar las propuestas de los clientes y vamos actualizando las plantillas en medida de lo posible. Aproximadamente durante el primer año de vida vamos mejorando de los themes, añadiendo funciones y solucionando bugs.

Muchos autores se centran en un solo theme y lo van manteniendo de manera indefinida pero nosotros preferimos diversificar las temáticas de nuestras plantillas y tener una gran variedad de soluciones para llegar a un mayor público.

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SOLIDO, disponible en formato HTML y también como tema para WordPress

A muchos usuarios (entre los que nos incluímos) nos gusta usar temas premium como base y realizar modificaciones sobre ellos. Sin embargo a veces el código no es muy “intuitivo” y es complicado de entender. ¿Sois generosos con los comentarios en el codigo?

Absolutamente, nuestro código es 100% compatible con los estándares web. De hecho es lo primero que miran los revisores 😉

Piratear un tema WordPress no es muy complicado. ¿Os afecta la piratería de vuestros temas? ¿La combatís de algún modo?

La piratería existe y evidentemente nos afecta. De todas formas al final te das cuenta que luchar contra estas cosas es gastar energía inútilmente. No puedes poner puertas al bosque 🙂

Dicho esto, si alguien tiene la intención de piratear una plantilla WordPress que sepa que aparte de no contar con futuras actualizaciones ni con soporte técnico tiene muchas posibilidades de usar un theme infectado con algún tipo de malware.

A la persona que descarga plantillas piratas le diría que si no esta dispuesta a invertir 50$ en su proyecto, seguramente no esté preparada para llevarlo a cabo.

Ya para terminar. ¿Tenéis algun mapa de ruta pensado para JellyThemes? ¿Cuál será vuestro siguiente paso?

Siempre tenemos varias ideas por ahí rondando, pero como dice Simeone, vamos “partido a partido” 😉

Queremos dar las gracias a todo el equipo de Criterion por concedernos esta entrevista y a sus lectores por dedicarnos unos minutos de su tiempo.

Portfolio de temas disponibles actualmente de JellyThemes

¿Crear webs sin escribir código es posible? La eterna promesa de los editores web

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Aprovechando estos días de fiesta he querido ponerme un poco las pilas con la maquetación web usando Bootstrap (además de barnizar unas estanterías para un intento de huerto urbano). Me decanté por este framework web porque por algún lado tengo que empezar, porque parecía sencillito de entender y porque regularmente sale a la palestra el dilema de Bootstrap sí, Bootstrap no [en].

Bien. Durante el día completo que le dediqué a mi puesta a punto coder tuve una revelación: no soy capaz de usar los programas tan modernos y chulos que te prometen crear webs sin escribir código o sin saber programar. No están hechos para mí. Me siento más cómodo con un editor de texto como Sublime Text que algunos dopan con un montón de extras.

Pero dejadme que os cuente un poco más sobre esta apasionante historia de inquietudes profesionales apta para todos los públicos.

Bootstrap es un recurso empleado con cierta frecuencia en el estudio y creo que es importante que un diseñador web tenga unas buenas bases sobre lo que se puede hacer y lo que no, teniendo en cuenta el entorno de trabajo en el que se encuentre y las herramientas de trabajo de equipo. De nada sirve que prepare visuales para webs ultra-mega-cool si el día a día o los proyectos no lo permiten encajar. Todos queremos hacer webs chulas pero a veces el tiempo y el dinero mandan.

No es que no supiera nada sobre el aspecto más técnico y developer de la web pero tampoco paso de beginner level y hacía tiempo que no le dedicaba un día entero exclusivamente a pelearme con HTML, CSS y un par de chorraditas de JS.

De hecho hacía tanto que no sacaba un hueco para estos menesteres que ha pasado suficiente tiempo como para que fueran apareciendo apareciendo un buen puñado de herramientas pensadas principalmente para nosotros, los diseñadores pezuñeros del código. Herramientas que prometen hacer de la creación de webs un auténtico camino de rosas. De entre todas las disponibles me he ido tropezando con:

Algunas son herramientas de trabajo directamente en el navegador y otras son programas independientes instalados en nuestro sistema. Las hay pensadas específicamente para desarrollo con Bootstrap y otras son mucho más generalistas. Pero todas tienen en común un objetivo: suavizar la transición entre la fase de diseño y la de maquetación, presentándose como entornos amigables que prometen ayudar a los usuarios menos experimentados que necesitan crear webs sin saber html. Como cuando Dreamweaver se vendía como una máquina de hacer webs él solito.

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Webflow es de los entornos más completitos…y que más asustan.

No he llegado a probar todos los programas que he enumerado arriba pero sí que he trasteado en diferentes momentos con Readymag, con Webflow, Macaw, Pingendo y LayoutIt! Por ejemplo Readymag está muy orientado para hacer case studies, presentaciones de proyectos, etc… Es muy interesante ver cómo lo usan grandes profesionales como Anton & Irene quienes han comentado en más de una ocasión que les parece una herramienta fantástica. Por algo será.

Webflow por su parte me parece de los entornos de trabajo más completos y robustos que hay disponibles actualmente. Es un buen editor online sin embargo creo que como entorno amistoso para el novato puede llegar a asustar. Demasiadas opciones y posibilidades de configuración.

Macaw por su parte empezó muy fuerte prometiendo un entorno mucho más potente que la alternativa de Adobe, Muse, pero le he perdido un poco la pista y no sé muy bien en qué quedará finalmente. No veo que tenga mucho movimiento últimamente en los rinconcitos de diseño. Lo último que leí era precisamente una comparativa con Webflow [en].

LayoutIt! me pareció infumable y con Pingendo he realizado todo el ejercicio que tenía en mente de maquetación responsive y que me ha empujado a estar escribiendo ahora mismo. Había oído hablar de Jetstrap muy bien pero al final fue Pingendo el que se llevó el gato al agua (por puro azar).

Pingendo NO es la solución para todos aquellos que buscamos el gran botón rojo que lance el método makeWeb('responsive','cool'); De hecho petardea lo suyo y en más de una ocasión tuve que cerrarlo y volver a abrirlo. Sin embargo en su favor tengo que decir que me ha servido para entender algunas estructuras al facilitarme el ir añadiendo y arrastrando componentes al html con el que estaba trabajando. Además presenta una interfaz sencillota y amigable para el que verdaderamente no tenga ni idea de en dónde se está metiendo.

Como extra muy interesante tengo que añadir que el día antes de ponerme con el ejercicio me sirvió mucho echarle un vistazo a un par de cursos que hay disponibles en video2brain sobre Bootstrap 3. No daré mucho la lata en este punto en concreto pero podéis probar video2brain durante 7 días gratis si queréis. Aquí dejo toda la información.

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Cursos para aprender Bootstrap desde cero

Cuanto más avanzaba haciendo el ejercicio más me daba cuenta de que en realidad no estaba usando ninguna de las características del programa. Teóricamente si usas un programa así es para poder emplear los módulos prefabricados o los asistentes. Al final terminé con la zona del editor de código maximizada para ir escribiendo directamente el HTML y las propiedades CSS necesarias. Guardaba, abría el HTML en el navegador y volvía al editor. Repetir ad infinitum.

Fue ahí donde me dí cuenta que la mejor metodología es, para mi, mamarte las bases de HTML y CSS para pegarte con ellas en un simple editor de texto. Con ejemplos muy chorras y sencillos al principio. Como si es para aprender simplemente qué es una lista desordenada y el código necesario para hacerla. Sólo así realmente entiendes qué es lo que estás haciendo. Desde la base más base de todas las bases que puedes estar pensando. Una vez tienes los conceptos iniciales claros, sí que es posible sacarle partido a un entorno como Webflow y compañía sin que todo suene a chino.

Lo curioso llega justo ahora y es que creo que en el momento en que se tienen unos conocimientos básico-intermedios, el uso de estos programas termina añadiendo una capa extra de complejidad al desarrollo. No digo que estos programas “sobren”. Particularmente me parece muy interesante cacharrear y probarlos, pero tras haber catado unos pocos sigo sin encontrar uno que realmente pueda recomendar muy fuerte hasta el punto de señalarlo con el dedo con los ojos abiertos de par en par.

Resumiendo: Sé que enfrentarse al código web da un poco de miedo al principio y que si de verdad no sabes hacer nada todo parece muy muy MUY cuesta arriba. En ese caso échale un vistazo a los cursos mencionados anteriormente porque hay más chicha para aprender fundamentos de HTML y CSS para novatos. Creo sinceramente que es la mejor decisión que se puede tomar en vez de buscar un sustituto en forma de programa que promete hacer el trabajo sucio por ti…y se queda por el camino.

Bola extra: Aprovechando el calentón hice un freebie que consiste básicamente en el sistema de columnas responsive que viene por defecto en Bootstrap. Para Sketch. Aquí. Y también recordad que aquí hay muchísimas plantillas y módulos premium bien majos para no tener que empezar de cero.

No te preocupes. Eso pasa.

Mañana mi hermano cumplirá 18 años. Mayoría de edad legal. Se acerca peligrosamente a la edad con la que empecé a tener claro que yo no sabía qué iba a hacer con mi vida. Y no me hubiese venido mal algún consejo extra. Pero no todos tenemos esa suerte. Con él no quiero que eso pase. Y él sabe que no va a pasar.

Obviando los detalles más materialistas que se le puedan entregar, tras releer hace unos días lo que escribí en 2005, FAQ del diseñador gráfico, pensé que podía ser buena idea hacer público el primer regalo de cumpleaños que tenía pensado. Al fin y al cabo se trata simplemente de compartir algunas experiencias y reflexiones que durante los últimos -casi- 10 años he tenido tanto en el terreno profesional como en el personal. Siempre lo he dicho: aptitudes y aCtitudes.

Aunque lo escrito tiene un marcado tono personal, me ha parecido que hay información que podría ser interesante para todos los que están “tiernitos” y buscan los consejos de un aspirante a viejo cascarrabias como el que aquí escribe. ¡No veo el momento en que empiece a usar el término “paparruchas” en mis conversaciones de abuelete!

Sinceramente no creo que mi hermano termine dedicándose a este mundillo como lo he hecho yo. Mi objetivo no es empujarle a que lo haga (aunque he sido el primero que le he motivado a ello y que le ha puesto delante cada cacharro que haya podido necesitar) sino que decida lo que decida, sepa cómo enfrentarse a todo el camino que le queda por delante. Porque no es fácil.

Chavalote, decidas lo que decidas:

  • No pierdas las ganas de trabajar (estudiar) y esforzarte, por muy complicado que se te ponga todo. A veces el camino se hará duro y muy cuesta arriba. A veces llegaremos al final del mismo y no obtendremos una recompensa lo suficientemente buena como para que pensemos que el esfuerzo ha merecido la pena. No te preocupes. Eso pasa. Sigue adelante. Sigue. Pelea por avanzar hasta los pequeños grandes momentos de la vida.
  • En algún momento sentirás envidia por lo que saben hacer los demás y por lo que tienen. No te preocupes. Eso pasa. Hay una envidia sana que creo que es muy positiva y te motiva a seguir adelante, haciendo que busques nuevos retos.
  • Sé humilde.
  • No trates a las personas con desprecio.
  • Sé generoso.
  • No cierres las puertas dando portazos. Sí, ésta va con doble sentido.
  • Todavía puedo ganarte echando un pulso.
  • Muchas veces no tomamos decisiones por miedo. No te preocupes. Eso pasa. Pero las decisiones no las tomará nadie por ti. Es TU vida y TÚ eres responsable de lo que quieras hacer con ella. Los demás estamos como “suplentes” para echar una mano. A veces al cuello y a veces para repartir la carga.
  • Puedes hacer sobreesfuerzos de manera puntual. A veces te lo pedirán aunque sea sutilmente. No te preocupes. Eso pasa. En cualquier aspecto de la vida. Pero el límite lo tienes que poner tú.
  • Tendrás días en los que te pongas a trabajar y simplemente no te salga nada o no te llegue la “inspiración divina”. No te preocupes. Eso pasa. Haz un pequeño break o intenta solucionar tareas pendientes con un componente creativo menor. Aprende a lidiar con estas situaciones.
  • Tendrás días que se pasarán volando y otros en los que el reloj va hacia atrás. No te preocupes. Eso pasa. Tendrás tareas con las que vas a disfrutar y momentos en los que te arrepentirás de estar haciendo lo que haces.
  • Recíclate profesionalmente y no dejes de aprender. Necesitarás invertir mucho tiempo en ello. Pero vale la pena.
  • Hay gente que se intentará aprovechar de ti. Sé buena persona, no seas gilipollas.
  • Aprende inglés, bitch.
  • El trabajo es trabajo. Por mucho que te pueda llegar a gustar a lo que te dedicas, puedes llegar a “quemarte”. No te preocupes. Eso pasa. ¿Quizá necesites un cambio llegado el momento?
  • Ten proyectos personales o un hobby. Es algo que te ayudará a desconectar.
  • Demuestra lo que sabes hacer. Las palabras se las lleva el viento.
  • El deporte es una forma genial de reducir las ganas de matar. Léase “ganas de matar” con cierta ironía, oigan.
  • Tendrás ideas geniales que empezarás y dejarás a la mitad. No te preocupes. Es normal. No te sientas demasiado frustrado por ello.
  • Habrá momentos en los que estés empleando tu tiempo libre en no hacer absolutamente nada. Puede que incluso te sientas mal por ello. No te preocupes. Es normal. A veces me he “obligado” a invertir mi tiempo en cosas que productivamente hablando son lo peor. En efecto, hablo de la Playstation y Steam.
  • Probablemente no te hagas millonario. Aunque yo te lo agradecería, ¿eh?
  • Lee. Lee mucho. Porque leyendo mejoras tu vocabulario y tus capacidades comunicativas.
  • Rodéate de gente con la que puedas compartir inquietudes profesionales. Aunque sea vía Skype o en un foro. Nunca sabes dónde puedes encontrar a un buen amigo con el que compartirás grandes momentos. Mírame a mí, ¡estuve en la boda de RUDE!
  • Aprovecha las facilidades que te ofrece Internet para darte a conocer y difundir tus capacidades. No todos nos convertiremos en youtubers de éxito pero LA RED es una herramienta increíble con un potencial enorme. Encontrarás comunidades y recursos dedicados a, probablemente, todas las profesiones del mundo. ¡Apróvechalo cojones!
  • “Tírate a la piscina” (creo que es como mejor se aprende bajo algunas circunstancias) y pon toda la carne en el asador para conseguir llegar a buen puerto. Eso no te garantiza el éxito pero nadie podrá decirte que no has hecho todo lo que has podido. Y si sale bien, la sensación es increíble.
  • Está permitido llorar.
  • A veces dirás cosas por hacer daño y luego te darás cuenta de que ha sido una mala decisión. No te preocupes. Eso pasa. Reflexiona sobre ello y luego no te quedes callado. Pide disculpas o háblalo.
  • Recuerda de dónde vienes.
  • Hay reglas que cumplir. En alguna ocasión las verás de manera injusta. Pero hay reglas. Hermano mayor mode on.
  • Valora las consecuencias de tus actos y responsabilízate.
  • Tus padres te han querido siempre, aunque no se demuestre como se debe.
  • No tengas miedo a pedir ayuda. No esperes a que sea demasiado tarde.
  • El “si hubiese tomado otra decisión…” te atormentará en algunos momentos. Pero no puedes dejar que eso te guíe ni te paralice durante el resto de tus días. Lo hecho, hecho está.
  • Te equivocarás. No te preocupes. Es normal. Equivocarse puede ser sano. Los errores son una gran forma de adquirir experiencia.
  • Y recuerda: el tiempo no se detiene ante nada ni nadie.

Feliz cumpleaños cabezón 🙂

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En el 2002, posando como supermodelos.

Mercado tipográfico: los descuentos en las tipografías

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Uno de los productos de los que hablo con mayor frecuencia cuando se trata de promociones son las tipografías sin lugar a dudas. Creo que han aparecido en la mayoría de recopilatorios y actualmente siguen existiendo ofertas bien majas con grandes descuentos como las de Fontfabric [en], Amelia [en] u Otama [en] por ejemplo.

Descuentos que a veces parecen rozar lo obsceno y lo insostenible. Sobre este tema ha querido escribir Daniel de Tipografía Digital, uno de esos rincones a los que se les debería echar un vistazo de vez en cuando si nos va el mundo de las letritas y todo el negocio y “mercadeo” en torno a ellas. Lo último:

Los descuentos del 90% durante los lanzamientos de nuevas tipografías se han popularizado bastante y ya se están alzando voces en contra. Veamos cuál es el mecanismo detrás de estas tácticas y si nos interesa para marcar nuestras estrategias de precios.

La excusa perfecta para que os dejéis caer por Tipografía Digital si no lo habíais hecho hasta ahora.

Destripando el mercado tipográfico: los descuentos en tipografías

Evasión

evasion

Nuestra vida es una carrera sin sentido. Vivimos presos de una cárcel que nosotros mismos nos hemos construido, que vemos cada día y que pensamos que es el lugar en el que tenemos que vivir. Pero no.

Pasamos un tercio de las horas del día en el trabajo, a lo que habría que sumarle el tiempo que nos cuesta ir y venir hasta casa. Si a eso le restas el tiempo que dedicas a todas esas pequeñas cosas cotidianas (aseo, ascensor, compras, cocinar…) y las horas que dormimos te sale la cuenta del día casi completa. ¿Dónde estamos nosotros? ¿En qué hora de toda esa mecánica absurda de nuestro cronómetro encajamos?

La prisa es algo en lo que nos educan. Sacar los estudios a curso por año, sin repetir. Eligiendo estudios aunque no sepas a ciencia cierta ni qué quieres estudiar ni si quieres estudiar. Pero estudiar aquí no es una opción, porque sin estudios superiores —antaño reservados a unos cuantos— no eres nadie. En esa escuela, la universitaria, aprenderás a pisar cabezas, a competir por ser el mejor, el primero, el más. Y entonces saltarás al ruedo, tú solo, ante el mundo. Sin tener ni idea de nada.

Una fábrica de parados en demasiados casos, víctima la institución de la pésima gestión política de las reformas educativas y de la estructura del funcionariado nacional, tan ajeno a la realidad que enseña que asusta pensar que haya formadores como los que hay.

Tras años y años de preparación es cuando, de verdad, empieza tu carrera. La carrera por medrar más rápido, por tener un contrato, por conservar tu empleo, por conseguir más sueldo, por cambiar de empresa, por cobrar mejor esas horas extra. Y ahí, en algún lugar de tu vida, entre la ducha matutina y el atasco de cada día, dejaste aparcado lo demás.

Nuestra existencia en esta sociedad es una carrera tan absurda como improductiva.

Toda nuestra sociedad occidental se rige por esa idea protestante del trabajo como absolución, como medio salvífico. Sin trabajo no somos nadie. El trabajo es el medio perfecto para poder vivir, tener una casa, un coche, un tren de vida, ir de vacaciones, conocer otros lugares, salir, divertirse… y cada lunes, tras los dos días de asueto, volver a la rueda.

Cada día, cada mañana y cada noche es un tramo de una carrera que no termina nunca.

Tomé conciencia por primera vez hace unas semanas. Estaba en el lugar más antipoético del mundo, un Starbucks en el centro de Madrid. Allí, dando sorbos a un café que no es café, en una atmósfera irreal y pretendidamente urbanita, me planteé algo que desde entonces me tortura cada día, lo que me lleva a escribir esto.

En la mesa de al lado un grupo de adolescentes desayunaba. Su ropa era más cara de lo que mi nómina seguramente podría pagar. Hablaban sin parar, pero sin mirarse, absortas como estaban en las pantallas de sus móviles, tecleando sin parar, deteniéndose solo a mirar su propio reflejo en la pantalla del aparato para ajustarse el pelo. Eran tan pijas que, cada tres palabras, decían una en inglés. Reían de cosas que no entendía y, pese al frío, salieron fuera a tomar el café —con leche de soja, supongo, y vete tú a saber cuántas cosas raras— para poder fumar.

Entonces lo vi. Vi mi vida, la absurda carrera de mis últimos años buscando crecer profesionalmente, mis horas extra trabajando en cosas diversas para intentar ganar más dinero, mis frustraciones y mis fracasos, mis éxitos y mis deseos. Todas esas cosas que empecé a cuestionar en los cien días que estuve en el paro empezaron a danzar ante mí.

Obviamente aquellas adolescentes tenían el riñón bien blindado. Les sobraba el dinero. No por su trabajo, claro, sino por su cuna. Estábamos en una de las zonas más caras del país y, a juzgar por cómo hablaban, vivían ahí. No tenían pinta de conocer el valor del dinero. La crisis, claro, no iba con ellas. Seguramente ya tenían una casa reservada para cuando la necesitaran y un coche esperando a que se sacaran el carnet. La vida así da para mucho.

Me hice entonces esa pregunta: cómo sería mi vida si no tuviera que preocuparme por el dinero. Es decir, cómo viviría si tuviera una casa pagada, facturas cubiertas, y una holgada tranquilidad para vivir bien.

Piénsalo.

Entonces, claro, todo cambia.

Trabajar pierde el sentido si concibes trabajar como una forma de sustento. Tu tolerancia a determinadas cosas mengua, porque no necesitas tolerar abusos o tomaduras de pelo. No tienes que hacerte el imbécil para que otros de los que depende tu trabajo satisfagan sus pretensiones. No tienes que temer con qué vas a darles de comer a tus hijos. No hay alquiler, no hay hipoteca, no hay facturas, no hay responsabilidad. Solo hay, ya ves, vida.

Y me di cuenta de lo estúpidamente que había corrido durante treinta años.

Porque, aunque sin duda soy una persona afortunada, sé bien lo que es vivir corriendo.

Durante esos cien días que estuve sin trabajo supe lo que es estar en la cola del paro, algo especialmente chocante cuando vives en un barrio periférico. Sentí lo que supone saber que, a mi alrededor, se apiñaba muchísima gente que tendría francamente difícil volver a encontrar trabajo. Por su edad, por su origen, por su formación. Yo, imaginaba, lo encontraría antes o después. Fueron apenas cien días, tres meses. Pero no quiero olvidar esas sensaciones de entonces, de esos días en los que dejé la rueda y solo deseaba volver a ella.

No olvidaré, por ejemplo, la sensación de mirar a mi alrededor e imaginarme explicándole a cualquiera de los allí presentes de qué solía trabajar yo. Que si periodista, que si política, que si el Congreso, que si Internet. Imaginaba las caras de esa gente mirándome con indolencia, como quien mira a un astronauta. Sentí cuán prescindible e irreal era mi mundo, todo lo que había motivado mi absurda carrera hacia delante. Y tampoco he olvidado esa sensación de cómo en la burbuja en la que me muevo, en las redes sociales y las redacciones, todos nos entendemos con nuestro lenguaje y nuestras aspiraciones.

Lo malo es que el mundo real está ahí fuera.

Yo, el afortunado, ni siquiera estaba en el paro del todo. Tenía un contrato a tiempo parcial con el que complementaba mi trabajo principal. En realidad había estado trabajando más de las horas que marca la ley con más de un contratante. Y eso sin contar colaboraciones. Yo, el parado, había estado sobretrabajando. Corriendo aún más rápido en esa carrera.

Luego llegaron aquellas adolescentes del Starbucks.

Lo peor de todo es que, tal y como están las cosas, la mía es la vida de un afortunado. Hay gente ahí fuera que mataría por poder correr. Es decir, por poder tener trabajo. Gente que ha pasado toda esa fase de preparación para poder ser un tiburón que pise la cabeza de los demás y poder así medrar pero que, por culpa del momento en el que ha nacido, no puede hacerlo. Es fácil plantearte cosas cuando tienes trabajo y unos ingresos. Igual de fácil que debe verse la vida si eres una de esas niñas bien del Starbucks.

Pero la verdad es que estamos corriendo tanto —o intentando sumarnos a la carrera—, que no vemos lo que pasa por nuestro lado. Ahí sigue la familia, siguen los amigos, sigue el tiempo entero. Siguen los lugares a los que ya quizá nunca iremos, y todas y cada una de esas oportunidades que pasaron. Las cunetas de nuestras vidas están llenas de opciones muertas que no tomamos, de decisiones que desaprovechamos. Ahí hay un montón de errores y otros tantos aciertos.

Sin embargo la carrera no puede parar. Por un momento puedes ser consciente, abrir los ojos en mitad de este enorme Matrix social, mirar a tu alrededor y ver la realidad. Ver que te pasas la vida perdiendo el culo para conseguir dinero para comprar cosas, y más dinero, y más cosas. Puedes cobrar conciencia de que te matas a hacer cosas para que, al fin, cuando te jubiles, estarás tan solo y cansado que ya no tendrás fuerzas para disfrutarlo.

Eso, claro, si tienes jubilación.

La carrera no puede parar.

No puedes liarte la manta a la cabeza e irte a un pueblo, a una playa, a otro país a intentar vivir sin correr contra el reloj. No estamos educados para eso y muy pocos son capaces de tomarse esa pastilla roja. ¿Qué te espera al otro lado? ¿Luchar lo que te quede de vida contra todo lo establecido y sin garantía de éxito?

En esta sociedad lo único que nos queda es la evasión.

Evasión, bonita palabra.

Evadirse puede querer decir —así, sin mirar el diccionario— marcharse, esquivar algo, ocultar algo, huir, tener la cabeza en otras cosas, incluso robar. Esta última, la evasión fiscal está muy de moda en este país, pero no es precisamente esa acepción la que hace del vocablo de marras una bonita palabra.

La evasión es la necesidad de la huida. El respiro cotidiano, el cerebro en stand by, la mirada al infinito, la vista perdida, el imaginar lo que dirías o harías si tuvieras valor. También es, claro, el temer, el expresar los peores demonios internos de forma irracional, el machacarte internamente mientras fuera sigues sonriendo.

Julio Verne no inventó la evasión, pero la hizo mágica. Él fue el padre de historias increíbles que materializaron los mayores anhelos y los principales miedos de la humanidad. La exploración, la aventura, lo desconocido, el reto de superar aquello para lo que la naturaleza nos diseñó. Da igual que sea visitar el centro de la tierra, volar o, incluso, viajar en el tiempo. Esa desazón ante lo imposible, ante lo que no controlamos, es como esa pizca de pimienta mental para seguir creyendo.

Porque si no creemos en algo, en que podemos conseguir esa meta secreta que ambicionamos, para qué vale la pena luchar. ¿O acaso tú no vives tus días esperando que llegue un momento en que consigas eso que buscas?

Verne era un visionario. Pero no porque adelantara descubrimientos o búsquedas, que también. Era un visionario porque consiguió regalar una ventana a millones de personas por la que evadirse de una realidad mucho menos mágica. Leer sus narraciones es sumergirse en algo superior, diferente e ignoto, que te hace olvidar por un momento la miseria de una vida mucho más mundana, rutinaria y gris.

Él escribía, y ese era el canal de evasión que ofrecía. Pero evasiones hay tantas como humanos. La música, la poesía, el cine. También un viaje, una persona, un olor. A veces un recuerdo, un café, un cigarro. Incluso, claro, dormir y soñar. Las cosas más mágicas de la vida son precisamente las que no son, las que no tienen forma, las que no tienen definición posible ni pueden ser explicadas. La magia es así, y ese es su valor.

La sensación de la evasión, del desconectar, está al alcance de todos. La capacidad de crear algo que ayude a los demás a desconectar, no. Por eso Verne es Verne, un tipo moderno y vivo aunque en nuestro imaginario colectivo vista pantalones de pana y lleve mapas acartonados bajo el brazo. Un loco imaginativo, un soñador. Esos son los que acaban siendo recordados, no los que fichamos cada día, a la misma hora y en el mismo lugar para hacer lo mismo de siempre. Ahí no hay aventuras, ahí solo hay necesidad de evasión.

La evasión es inherente al ser humano en tanto en cuanto es racional: los animales no se evaden, simplemente hacen. Nosotros, humanos, mentimos, urdimos estrategias y conspiramos. Y, entre tanta actividad cerebral, necesitamos un descanso. Necesitamos evadirnos.

El mundo, tal y como lo hemos conocido, es una carrera demente hacia la nada. Competir por ser mejores, por llegar más alto, por ganar más, por comprar algo, por tener algo. Dedicamos más tiempo al trabajo que a la familia, más a las preocupaciones que a bailar, más a tener miedo que a gritar a pleno pulmón. Cuesta imaginar a gente tan mágica como Mario Benedetti o Silvio Rodríguez negociando horas de productividad o haciendo horas extra. Sin embargo son los poetas (los cineastas, los artistas) los que más evasión nos regalan.

Ni siquiera las evasiones son como las de antes.

Ahora ya nadie pinta ni esculpe. Los que levantan soberbios edificios lo hacen para dignificar a sus nuevos mecenas, no ya con su cara en una vidriera de la catedral, sino haciendo de su ciudad un monumento en memoria de su ego. Aunque las calles se llenen de persianas metálicas de comercios cerrados, aunque ya no haya grandes eventos deportivos que justifiquen el despilfarro, aunque la mayoría de campos de golf y hoteles se hayan quedado desiertos. Ahí quedan, erigidas, esas edificaciones para escarnio de nuestro tiempo.

Ni siquiera las evasiones son como las de antes.

Ahora lo que más aceptación tiene es ir a un estadio a vociferar. Una suerte de nueva guerra sin sangre, en la que tenemos unos colores y una bandera, apoyamos a «los nuestros» aunque sean mercenarios llegados de lejos para combatir por espurios intereses. Cantaremos contra «los otros», desearemos su derrota y señalaremos al traidor que deje nuestro ejército para irse con el otro. El fútbol no es solo una vaga representación de aquel circo romano, sino todo un compendio de cómo funcionaba la lógica de la guerra. Pero es que ahora las guerras tampoco son como fueron.

Lo que queda es, pues, eso. Sentarnos a leer un libro, a escuchar una canción, a fumar un cigarrillo o a tomar una copa. Una conversación, una persona, un poema, un olor, un recuerdo o un sueño. O quizá un ejercicio catártico de insulto colectivo en un estadio de fútbol, desvanecer mi identidad con la masa saliendo a la calle, dejarme llevar.

Evadirse acaba siendo eso, desconectar el cerebro. Parar la carrera sin dejar de correr.

Al final nos pasamos la vida evadiéndonos de una realidad última, insuperable e incontestable: que a la que te quieres dar cuenta de que llevas toda la vida trabajando para poder evadirte en condiciones, eres ya demasiado mayor como para disfrutar de la evasión.

Y entonces llega la evasión de verdad, la única. La irrebatible.


Artículo escrito por Borja Ventura y publicado originalmente en Jot Down nº3. Muchísimas gracias a Borja y la redacción (en concreto a Olga) de Jot Down por permitirme el uso del material.

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Podcasts de diseño a los que pegar la oreja

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Llevo como mes y medio con un borrador en el que sólo tenía escrito el título y un par de links. Quería preparar un breve repaso a algunas de las ¿pocas? opciones que tenemos cuando estamos hablando de podcasts de diseño en español. Porque en otros idiomas sí que hay más variedad, pero me he encontrado un “gran agujero” cuando me he puesto a buscar este tipo de recursos en mi lengua materna. He encontrado bastantes opciones pero en su mayoría son proyectos que han quedado abandonados o que ya ni existen.

Así pues he decidido compartir sólo aquellos podcasts de diseño en español que me han llamado la atención y están de actualidad, complementándolos también con los que suelo seguir en habla inglesa. Viéndolos así todos juntitos, uno se da cuenta que hay bastante material al que pegar la oreja, ¿eh?

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El primero de todos los que no podrían faltar sería OFN Podcast, con Andrés Sanchís como amo del calabozo. Lleva un buen puñado de audios y lo bueno es que se tocan diferentes temáticas dentro del mundillo. Se deja escuchar muy bien, tiene una duración en torno a la hora y algo y es bastante ameno e informal. Juraría que fue el primero que escuché en español.

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Don Serifa. El podcast pertrechado por Pedro Arilla es otro de los imprescindibles. Iniciado en Mayo de 2014, se centra particularmente en temáticas relacionadas con las “letritas”. Cuenta con entrevistas y colaboradores para hacerlo más ameno. Su duración gira en torno a la hora y pico lo que hace que tampoco se haga demasiado pesado. Y os lo dice uno que se pone podcasts de 3 o 4 horas seguidas 😛

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Perdiendo las formas. Ha salido del horno hace poquito pero creo que merece la pena destacarlo ya. Realmente espero que sea un proyecto que llegue a buen puerto. Repetimos protagonista, Pedro Arilla, que se ha buscado como compinche a mister Máximo Gavete para abrir el abanico de temas y ofrecernos un podcast de diseño en el sentido más amplio de la palabra.

Estos tres proyectos representan la actualidad en formato podcast de diseño en español. Me hubiera gustado “engordar” la lista e incluir el podcast de Baaang pero no estoy seguro que el proyecto siga adelante ahora mismo. De confirmarse sería una lástima porque creo que en su primer audio contaba con gente muy capaz 🙂

Lo que quiero hacer a continuación es ampliar la lista de recomendados incluyendo los podcasts de habla inglesa que escucho regularmente y que me parecen destacables también.

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On The Grid [en] es una charla informal entre Matt McInerney, Andy Mangold y Dan Auer. Particularmente es de los que más me gustan porque hablan sobre recursos de diseño, desarrollo web, ux… En general temas que me interesan mucho. Cuenta con periodicidad semanal y no suelen superar la hora de duración.

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ShopTalk [en] es un podcast centrado en diseño y desarrollo web por lo que cada audio gira en torno a ese mundillo. Lo regentan Chris Coyier y Dave Rupert lo que le confiere además de un mínimo de calidad ya de partida. A Chris por ejemplo le conoceréis de la imprescindible web CSS-Tricks [en]. Lo emiten en directo, momento perfecto para establecer conversación directa con ellos a través del chat que habilitan para la ocasión. Otra cosa es que la diferencia horaria sea un problema.

podcast-diseno-web-ahead

The Web Ahead [en] es otro de los podcasts disponibles en habla inglesa dedicados al mundo web. Se actualiza regularmente y cuenta con colaboraciones y entrevistas regulares bastante interesantes. Es el que menos escucho de todos los mencionados… ¡pero es que casi no me da tiempo!

podcast-diseno-99-invisible

Me dejo 99% Invisible [en] para el final. Es brutal:

99% Invisible is a tiny radio show about design, architecture & the 99% invisible activity that shapes our world

Pero de tiny tiene poco. Lleva unas pocas campañas de Kickstarter superadas de forma muy holgada con las que consiguen una calidad sobresaliente en el apartado técnico. Si no lo conocéis dadle una oportunidad porque hay episodios tremendamente interesantes y cada martes sale uno nuevo. Si os cuesta escucharlo por temas del idioma, tenéis disponible un apoyo escrito para digerirlo mejor 🙂

¡Nada más! Me parece material más que suficiente para escuchar en los viajes en metro-tren-bus-coche, cuando vamos a quedarnos fritos en la cama, mientras nos tostamos en la playa o simplemente para los ratos muertos.

Hay muchos más podcasts, claro. Y es por eso que estaré encantado de que compartáis vuestras recomendaciones en los comentarios.

(La ilustración de entrada icono micro vectorial es cortesía de Shutterstock)

Sobre ideas, validación, curiosidad y una recompensa de 10.000 euros

idea-creatividad-curiosidad

(Este artículo está publicado y revisado también en Medium)

Tras un titular tan poco SEO friendly me gustaría dejar por escrito una experiencia que he tenido durante los últimos meses y que ha sido muy positiva tanto a nivel personal como a nivel profesional. Es de esas experiencias que te demuestran que conceptos como el esfuerzo, la curiosidad o ser “proactivo” son partes tan o más importantes como las habilidades técnicas que se hayan adquirido con el tiempo. Da lo mismo que seas diseñador, un developer o conductor de camiones.

Todo empezó porque soy culo inquieto y me gusta siempre meter el hocico en todo lo posible. Saber cosas, o mejor dicho, entenderlas. Me interesa más el problema, la experiencia y el camino hasta dar con la solución, que la solución en sí.

En esta ocasión llevaba una temporada dedicando más tiempo a aprender conceptos relacionados con el diseño de producto, el marketing, la afiliación y sistemas de referidos, que a ver cuál era la última aplicación que se lanzaba y que prometía a ser la herramienta definitiva llena de killer features para hacerme mejor diseñador.

Me decidí por “estudiar” sobre estos campos por el interés que tengo en el diseño de producto (entendiendo producto como algo no necesariamente tangible, véase SaaS) y por mantenerme siempre mínimamente al día viendo que el mercado internacional demanda cada vez más product designers. Sentía la necesidad de aprender más sobre conceptos que si bien van ligados a la capa visual de un proyecto, tienen mucha más miga detrás. Es ahora cuando deberiáis recordar esos años de estudio en los que siempre os pedían justificar las decisiones de diseño. Pues hay mucha más miga, mucha más 😛

Bien, aquí os va un chorizo. Ale-hop!

Tranquilos que no se me ha colado una inyección de links spammers! Leer, leer mucho. Leer sobre UX, sobre psicología aplicada al consumo, sobre startups que cerraron… sobre experiencias en definitiva. No hay día que no agradezca enormemente la cantidad de información vital que hay disponible y que nos puede ayudar a mejorar.

Veamos. Si se es mínimamente perspicaz uno se da cuenta de que la mayoría de los artículos enlazados están orientados al mercado móvil y/o apps. Deformación profesional e intereses personales, sorry. Me gusta investigar este terreno y en el estudio hacemos proyectos de este tipo. Ya sabéis el dicho de que la cabra siempre tira p’al monte.

Quizá estas razones fueran las que hicieran que un día mientras veía la tv, se me ocurriera una idea un poco simplona para hacer un jueguecito pensado para móviles. (nota: dudo mucho que lo que estaba viendo en la televisión tuviera algo que ver).

Corregidme si me equivoco pero la mayor parte de las veces nos detenemos aquí. Se nos ocurre algo, lo “vemos” y le damos un par de vueltas pero seguimos con nuestra vida. A veces porque ha sido una “idea fugaz” sin más, otras veces porque tampoco nos queremos complicar demasiado, porque pensamos que algo así seguramente ya esté hecho, etc. Pero yo quise ir un poco más allá en esta ocasión. Pensé que podría ser algo factible teniendo en cuenta la situación. Así, intenté hacer una validación rápida, cutre y casposa de lo que tenía entre manos. Validar una idea, obligatorio!!

  • Dado que la mecánica principal era una ligera vuelta de tuerca y resultado de mezclar algunos conceptos existentes, posiblemente la idea pudiera importar a “alguien” y por tanto es probable que existiera un mercado.
  • Pensar que “hay un mercado” sin hacer estudios ni tener datos es para que te saquen la tarjeta roja directa. Pero la puesta en marcha no requeriría apenas inversión económica ni un tiempo de desarrollo elevado.
  • Probablemente dispondría del equipo técnico necesario para llevarla a cabo.
  • Al tener un riesgo mínimo de “pérdidas”, podría ser una experiencia claramente positiva sin importar el resultado.

Como la “emoción” me embargaba lo siguiente que hice al llegar al trabajo el día siguiente fue hablar con mi señor jefe [Q]Boss para continuar el proceso de validación. Necesitaba opiniones adicionales sobre si conocía algo parecido y qué tal lo veía. Teniendo en cuenta lo mucho que está metido en el desarrollo móvil, era un buen referente. Pensé que al momento de contrastarla llegaría la cruda realidad en plan “ya hay 30 que hacen eso mismo”. Sorprendentemente la idea recibía buen feedback.

Terminé diseñando un par de bocetos rápidos sobre el estilo que tenía pensado y ver si podíamos estar en sintonía. Tengo que agradecer la posterior colaboración del resto de mis compañeros a la hora de resolver mis dudas y aportar toda su experiencia sobre el enfoque del proyecto.

Además en este punto en concreto creo que tomé otra buena decisión: seguir ampliando el número de personas con las que validar la idea. Gente conocida, profesional del sector, fuera de mi radio de acción diario y que también fueran habituales del sector a nivel usuario. Eso supuso invertir tiempo en la preparación de una breve documentación usando Google Docs en la que explicaba coloquialmente lo siguiente:

  • Cuál es la idea
  • Mecánicas básicas
  • Dudas sobre funcionalidades
  • Ideas para monetización

Quería obtener un feedback real, nada de buenrollismo gratuito o esto mola porque sí. Porque es necesario que te den palos si te lo mereces de la misma manera que si la mecánica es una mierda da igual lo bien que la vistas (aunque curiosamente al revés sí que funciona).

Para mi asombro, los comentarios recogidos seguían siendo totalmente positivos. Reconozco que estaba muy animado xD. Quiero darle las gracias a @RUDE, @elecash, @rakelka y a @Carloselrojo por el tiempo invertido ofreciéndome sus valiosos comentarios. También quiero darle las gracias a David porque en el fondo él también aportó su granito de arena al ayudarme a validar anteriormente otra idea para un proyecto más ambicioso y que me sirvió para darme cuenta de lo importante que es y lo mucho que aprendes de estas experiencias. Darle al coco es lo mejor que se puede hacer 🙂

Involucré directamente a [Q]Boss porque necesitaba a alguien con más experiencia en la dirección de proyectos y porque al fin y al cabo si quería pedir la ayuda de mis compañeros, sería bueno establecer una ruta a seguir. Pensamos que podríamos tener algo visible en un par de fines de semana trabajando a lo loco. Pizza, ojeras, algunas partidas a la “play”…

Aquí el problema a solucionar consistía en poder marcar una fecha concreta en la que ponerse manos a la obra. Una fecha cercana y realista. Creo que hay que aprovechar el momentum y no dejarse vencer por la apatía porque de lo contrario estás condenado y se puede dar al traste con la mejor de las ideas. Pero es muy dificil hacer algo por amor al arte y lo es más cuando quieres involucrar a más personas a las que en un primer momento no les puedes ofrecer nada más que “ver qué va a pasar”. Es complicado cuando toda la semana te dedicas a proyectos y más proyectos. Y es que no se trata de falta de ganas (que también) sino de ver cómo compatibilizar el día a día con el tiempo que necesita algo así sin que llegue a afectar demasiado. Pero creo que es imposible algo así. Es como pensar que abrir una tienda online no va a suponer un esfuerzo extra si quieres que salga bien.

Todos trabajamos duro e intentamos esforzarnos para poder tener “fuera” nuestras vidas (con sus más y sus menos) y poder “desconectar”. Reconozco que si bien yo no sé “desconectar” también sentía cierta pereza. ¿Prefería disfrutar de mi rutina “liberadora” esos fines de semana o dedicarlos a esta idea y ver qué beneficios podría obtener después? Dichoso Freud!

Pasaron unos cuantos días y tampoco insistí demasiado. Sí que seguía recopilando información para mejorar los procesos y puntos débiles. Por ejemplo encontré este artículo para escribir buenas notas de prensa bien majo. Por cada artículo que encontraba, más me animaba a seguir creyendo en hacer “algo”.

Entonces fué cuando me encontré esto. 10.000 euros para hacer tu primera aplicación.

Pensé que si sonaba la flauta y consiguiera algo de “inversión”, tendría fuerza suficiente como para plantear el desarrollo como un proyecto real en el estudio, realizado en tiempo de jornada laboral. Y bueno, 10k no es que te arregle la vida pero sí que permitiría algo de la envergadura inicial que tenía entre manos. Luego si se demostraba que la idea funcionaría, ya veríamos. Primero empecemos a gatear y luego ya vemos qué es eso de andar.

Volviendo al tema del evento me mantuve expectante. Pero analizando mínimamente la situación el balance era claramente positivo: tras el ofrecimiento se encontraba César Martin al que ya conocía por sus artículos y Becas Alzado, lo que le confería cierto grado de confianza. También pensé que realmente apenas tenía que hacer nada para presentarme puesto que contaba con bocetos y documentación ya creada. Mi idea se ajustaba bien a los criterios necesarios. No perdía nada por intentarlo así que me presenté por email, hablé sobre mi idea e inclusó compartí totalmente la documentación que tenía elaborada hasta el momento. Después, me limité a esperar.

Poco tiempo después César contactó conmigo. El siguiente paso a realizar por todos los participantes consistía en una entrevista telefónica. Me hicieron llegar un cuestionario que sería la base de nuestra conversación. Un cuestionario que tras responder pensé que realmente valía su peso en oro. Me pareció tan completo que me sentí realmente bien preparando las respuestas (para lo que tuve que investigar, leer más aún e incluso preparar algún boceto extra). Responderlo al completo me demostró a mí mismo que iba en serio y que estaba intentando tenerlo todo claro para llevar al éxito una idea. O al menos a intentarlo. Sin pájaros en la cabeza, siendo realista.

Agradeciendo a César el permiso para compartirlo, el cuestionario era el siguiente:

  • Presenta tu idea en 10 minutos.
  • Experiencia previa desarrollando aplicaciones
  • ¿Es tu idea internacionalizable? ¿Cuáles son los principales problemas y virtudes para ello?
  • ¿Sería tu proyecto de pago? Si es así, ¿cuánto? Motivos.
  • ¿Cuáles son tus principales clientes?
  • ¿Cómo llegarás a ellos?
  • ¿Qué tiempo necesitas para hacer un prototipo?
  • ¿Estás dispuesto a hacer un test de concepto con un grupo de usuarios?
  • ¿Tienes una sociedad constituída?
  • Por la aportación de 10.000 euros, ¿qué participación estarías dispuesto a dar en este proyecto?
  • ¿Estarías dedicado/s al 100% a este proyecto?
  • ¿Cuál sería el calendario de pagos ideal y en base a qué hitos se harían esos pagos?

Como veis, es un cuestionario que apenas deja nada al azar y deja muy clara la intención de todas las partes implicadas. Así pues preparé bien las respuestas y me lancé a la piscina. Tras esa entrevista llegó un email. Y luego otro. Y otro. Y así estuve los siguiente días cruzándome correos con César en lo que para mí terminó siendo el reconocimiento al esfuerzo y las ganas que siempre he mostrado por mantener la mente despierta y curiosa. No hace falta que explique literalmente qué paso, ¿verdad?

Pues… Finalmente decidí decir “gracias, pero no.” Toma giro de guión xD.

No hay ninguna razón o planteamiento oscuro y tampoco me parece que entrar en detalles aporte algo valioso. A grandes rasgos pensé que aceptar ese dinero podría dar lugar a algunas situaciones que desestabilizarían nuestro a-veces-caótico-a-veces-indescriptible ritmo de trabajo habitual. Y no me gustaba pensar en que YO pudiera ser razón de un posible desbarajuste o de algo parecido a esos momentos mágicos que a veces regalan algunos clientes. Reconozco que aquí me eché un poco para atrás. Agradezco de verdad a César toda la información y los correos que hemos cruzado. Gracias!

En el fondo también me gustaba la idea de mantenerlo como un proyecto paralelo, algo que no se dejara llevar por la marea de los tiempos de entrega, la presión o el estrés habitual. Y creo que tomé una buena decisión.

Realmente, y con esto voy acabando ya, creo que el haber cogido una idea y haberla llevado hasta donde la llevé ha sido un auténtico lujo y un verdadero premio. La recompensa no es tangible y quizá no la vea a corto plazo, pero crecer como profesional y seguir aprendiendo no tiene precio. Es eso lo que intento hacer ver cuando escribo cosas así, cuando doy una charla o hago un taller. Y es duro. Pero hay que demostrar que le echamos un par de webs 🙂 No me gusta citar a Steve Jobs porque estoy de Apple y el fanatismo hasta las narices, pero qué gran verdad es eso del stay hungry, stay foolish, ¿eh?

Y sí, me he dado cuenta que no he mencionado detalles sobre la idea. Pero ya lo dije al principio: me interesa más el problema, la experiencia y el camino hasta la solución, que la solución en sí 😉

(Imagen de cabecera Glowing bulb over wooden background cortesía de Shutterstock)