Escribe un título

Dentro de relativamente poco tiempo se cumplirán 4 años desde la última vez que escribí algo por aquí. Un periodo notablemente más extenso que el tiempo transcurrido entre el momento en que cerré oficialmente el chiringuito y lo que tardé en volver a darle a publicar.

Tengo algunos posts a medio cocer desde hace años y también se me ocurren cosas sobre las que escribir… pero siempre encuentro alguna excusa para dejarlo de lado.

La excusa, casi siempre, es que no ya me atrevo a vomitar texto sin revisión como hacía antes. Reviso muchísimo más las expresiones, la sintaxis, por qué estoy escribiendo, el tiempo del que no dispongo pero que debería dedicar si quiero escribir algo decente…

Quizá tenga más peso que ni el tiempo ni la energía son los mismos ahora que en momentos pasados. Ahora soy padre, freelance, y tengo la cabeza llena de cosas que ni me imaginaba a los 20 (o a los 30).

Se me hace todo cuesta arriba. Y estoy cansado.

Con la llegada de la IA (entendiendo como IA cualquier servicio tipo Claude o similar) se me ha hecho aún más difícil: es muy tentador emplear todo el archivo escrito en este blog a lo largo de los años, crearme una skill escritora que reproduzca mis estructuras, coletillas y formas de expresarme, otra skill editora que me corrija la gramática y ortografía y darle a publicar sin mirar atrás. Ojo que las skills las tengo hechas y da hasta miedo lo bien que me han pillado el punto. Pero si hago esto, ¿qué busco realmente?

Ha habido momentos en los que la situación mundial ha hecho que me plantee si éticamente está bien escribir sobre gilipolleces o nimiedades cuando hay gente a la que le cae un petardazo por la ventana de su casa y c’est fini. Estos últimos años (quizá por la paternidad) he tenido que alejarme de según qué contenidos porque no estaba siendo capaz de gestionarlo bien emocionalmente y porque es evidente que en determinadas redes sociales no hay filtro ninguno y te puedes comer imágenes o vídeos que antes solo los encontrabas si de verdad los buscabas. Recuerdo que en 2024 me puse en contacto con Kiva. Quise mostrar interés particular por el estado de una de mis últimas aportaciones a un padre en Palestina para pagar el tratamiento médico de su hija pequeña. El correo de respuesta que obtuve fue la primera vez que leí casualties en mi bandeja de entrada. Me eché a llorar. Lamentablemente, y a pesar de que la aportación fue devuelta en su totalidad, a día de hoy no puedo saber realmente qué ha sido de ese padre y su hija.

¿Por qué quiero volver a escribir? ¿Qué quiero conseguir con ello?

Cuando he hecho repaso mental y lo he analizado de manera pormenorizada durante al menos unos 10 segundos la conclusión es clara: aquí ya no entra ni Dios; Google condenó al olvido este rinconcito hace mucho tiempo. Claude básicamente me dice que esto no hay manera de levantarlo: posicionamiento, captación de interés… Entonces claro, me pongo a pensar en qué coj***s hago escribiendo algo si lo voy a leer solo yo.

Luego está la vergüenza del señor de mediana edad, algo que no tenía hace veinte años y que ahora, con casi cuarenta y tres, llevo colgado como un sambenito. Nunca antes había tenido tanto pudor a la hora de escupir palabras. Lo curioso es que me pase ahora, cuando es mucho más probable que esto lo lea mucha menos gente que antes.

Hoy he conseguido darle nombre concreto a otro de los frenos que me bloqueaban: propósito. Parecía que si no escribía algo con propósito, no merecía la pena hacerlo. Y quizá la propia acción de escribir ya sea el propósito en sí. Sin necesidad de esperar nada a cambio. Ni likes ni views ni nada.

Hoy, por fin, me he quitado una de las múltiples espinas que tengo.

Echo de menos escribir sin propósito, concediéndome durante unos minutos el beneficio de que me dé igual todo lo que ocurre a mi alrededor a nivel macro o micro. Escribir por escribir.

Hermanos de Sangre: lecciones de liderazgo en tiempos de guerra

Hace escasos días y tras un buen puñado de años sin vernos, tuve la suerte de volver a ponerme al día con mi buen amigo José Ignacio Alcalá. Durante un par de horas compartimos anécdotas y pudimos comprobar que seguimos manteniendo cuestiones comunes en torno al buen café e inquietudes sobre la vida profesional.

De nuestra charla pude llevarme un nuevo hecho curioso que también compartimos: ambos nos dedicamos a ver Hermanos de Sangre de manera recurrente.

‘Hermanos de sangre’ narra los sucesos que acontecieron a la compañía Easy, un grupo paracaidista del ejército de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial que alcanzó gran reconocimiento tras la guerra, a través de los ojos del teniente Richard Winters.

Sensacine

No sabría explicar las razones que me hacen revisitar una y otra vez esta serie: puede ser su espectacular banda sonora (el tema del opening aún me pone la piel de gallina), el elenco de actores, la historia de Richard Winters… Supongo que será la suma de todo ello lo que hace que siempre me resulte agradable volver.

Sí, Ross también sale.

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Skynet ha llegado… y nos ha salido artista.

He considerado apropiado empezar esta breve reflexión (si es que a esto se le puede llamar reflexión) con un tweet de Alfonso Acedo:

Alfonso daba respuesta a la excitación pública que el aquí presente demostraba en esos momentos. Suelo escribir muy poco en Twitter, pero no pude resistirme tras empezar a trastear con lo que están haciendo en MidJourney, una herramienta basada en inteligencia artificial con la capacidad de crear imágenes a partir de lenguaje natural o prompts. Lo que viene siendo «yo te escribo un texto y tú me haces una imagen».

Quizá Dall·e 2 sea el proyecto más conocido sobre esto de «hacer imágenes sin esfuerzo», mucho más que MidJourney. El acceso estaba muy limitado hasta ahora, momento en el que han asegurado que su paso a open beta permitirá su uso a más de un millón de nuevos usuarios que estaban haciendo cola (entre los que me encuentro).

Empecé a saber sobre este tema de «inteligencias artificiales artistas» gracias a proyectos como Gaugan 2 de Nvidia, a herramientas muy locas como Artbreeder o a las experiencias de Javi López que no se cansa de trastear con mil y un temas diferentes:

De hecho tengo un vídeo guardado de más de tres horas en el que junto a Victoriano Izquierdo y Javier Ideami, le empiezan a sacar jugo a Dalí2 y nos enseñan todo lo que se puede hacer:

Dado que no tenía acceso aparqué el tema hasta que Diego, de Verso Estudio, me mandó un Whatsapp hablándome de MidJourney. Quizá no se trate de la AI más potente, pero lo que parecía ofrecer ya parecía bastante interesante. Lo suficientemente interesante como para que The Economist lo usara en su portada de junio de 2022.

Actualmente la principal diferencia entre Dall·e 2 y MidJourney es la capacidad que ofrece la primera de controlar con mayor grado de detalle el acabado de las imágenes generadas. Sin necesidad de ponerme muy técnico diré que con MidJourney no tenemos la posibilidad de añadir o eliminar elementos concretos de las imágenes sin un riesgo alto de distorsionar el resultado por completo.

Aún así y a pesar de este tipo de limitaciones, no se me va a olvidar la sensación de las primeras horas con MidJourney. No he podido dejar de probar y probar y probar:

Pruebas y más pruebas con Midjourney

Sinceramente hacía años que no estaba tan entusiasmado con algo. No me sentía tan poderoso desde que el Capitán Planeta exclamaba que el poder era nuestro.

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La falacia del coleccionista

Dice Christian que hay un cierto placer en eso de recopilar cosas útiles. Hasta le da un nombre y todo: The Collector’s Fallacy. No me he podido sentir más identificado.

Debido al mundillo profesional en el que navego, siento una necesidad imperiosa de estar al día y eso implica por ejemplo leer newsletters, estar atento en Twitter o sobrevolar LinkedIn. De hecho este rincón nació como parte de esa necesidad.

¿Qué es lo que ocurre? Que salvo honrosas excepciones puedo suponer que todos terminamos haciendo algo parecido a «me lo guardo para leer/ver después».

Pasa el tiempo y tus «leer después» empiezan a adquirir forma de montaña de basura. Una montaña de basura con mucha sabiduría en su haber, claro.

—En un sábado me pongo al día —escuchas decir a tu voz interior.
—LOL —exclama tu cerebro.

Claro que puedes ponerte en un solo día con 100 o 200 artículos guardados, lo he hecho. Pero con ese volumen y tiempo disponible, hay poco margen para lectura profunda y comprensiva.

A inicios de año y con esta pesadumbre sobre mis hombros, me marqué como propósito poner un poco de orden. Ya no era divertido pasar el cursor sobre la carpeta de marcadores y ver tanto scroll.

Tras una buena bolsa de horas (días), he recopilado y reducido a unos 40 artículos todo el material que he ido guardando durante estos últimos años relacionado con temáticas de gestión, burnout y comunicación. Eran muchísimos más y quise marcarme como objetivo real leerlo todo con detenimiento, tomar notas y quedarme solo con lo que me ha parecido realmente interesante, intentando que no se solapasen demasiado unos artículos con otros.

También es cierto que no son todo artículos para leer: hay alguna guía, reflexiones, algún vídeo y algún recurso en general.

Y ahora que el trabajo duro ya está hecho, no se me ocurre nada mejor que compartirlo.

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14 newsletters contra el aburrimiento

Post actualizado en febrero de 2022: actualizado el listado con las newsletters a las que estoy suscrito actualmente y ampliada la descripción de algunas de ellas.


Dicen que no hay nada mejor que una entrada de año para formular un buen listado de buenos propósitos con los que dar color a nuestras #C0C0C0 vidas. El principal problema que nos solemos encontrar es que todos sabemos lo difícil que es generar nuevos hábitos, más aún cuando la recompensa prometida se nos antoja algo lejana. ¡Maldito cerebro! ¿Por qué te empeñas en ponérmelo tan difícil? ¡Quiero mi serotonina!

Para este 2021 creo haber encontrado algo mucho más efectivo con lo que combatir el famoso efecto Mañana empiezo sin falta… Algo sencillo y especialmente pensado para cabezones como yo.

Y es, básicamente, jugarse el orgullo.

Así pues aquí me encuentro, después de haberme apostado con Botrol que somos capaces de escribir al menos un post al mes. Y ya me lleva ventaja.

He querido empezar con algo que tenía en el to-do desde hace ya un tiempo: darle un repaso al listado de newsletters que se cuelan en mi bandeja de entrada. Si en su momento lo hice con los podcasts de diseño, me parecía interesante hacer ahora lo mismo con este formato de distribución que está más de moda que nunca.

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